domingo, 9 de mayo de 2010

Una dama inocente de Johanna Lindsey


Sinopsis:
Rebecca Marshall entra, por mediación y los esfuerzos de su madre, como dama de honor de la reina Victoria. En la corte, Rebecca se verá envuelta en las rivalidades existentes entre el jefe del espionaje y la mujer encargada de las damas de honor, Shara, que utiliza a las jóvenes para recabar información en su propio beneficio. Muy pronto, la muchacha se verá envuelta en una red de engaños y conocerá al atractivo marqués Rupert St.John. Lo que ella no sabe es que Rupert es un agente secreto al servicio de la Corona y que lleva una doble vida. Cuando St.John se da cuenta de que Rebecca le espía, la seduce sin sospechar su inocencia. Obligado a casarse con ella, está convencido de que Rebecca le ha tendido una trampa para emparentar con su aristocrática familia.


Lo primero que tengo que decir es que a mí, esta autora, me ha hecho pasar momentos estupendos con sus buenísimas historias. No voy, por tanto, a quitarle mérito, porque tampoco soy nadie para hacerlo. Pero esta novela no es lo que me esperaba.

La sinopsis de esta novela nos da a entender que vamos a encontrarnos con intrigas en la corte de la reina Victoria, con personajes que pueden resultar hasta siniestros, como el jefe del espionaje, con un marqués atractivo que resulta ser un agente secreto y con una boda que echará chispas.
Bueno, pues yo no me he encontrado nada de eso.
Los personajes están tan trillados que resultan hasta insípidos a veces. He estado a punto de cerrarla en más de una ocasión, pero siempre acabo las novelas por educación y por deferencia hacia el trabajo de la autora.

Vayamos paso a paso, a ver si soy capaz de explicarme bien:
Rebecca: la típica muchacha jovencita que aún no ha salido del cascarón, que desconoce todo lo que a hombres se refiere y que hace lo que su madre le indica. Se nos presenta como una mujer simple, arropada siempre por su dama de compañía.

Flora, la dama de compañía: clásica mujer más madura que la protagonista, un poco cascarrabias, que hace y deshace a su antojo.

Lilly, la madre de Rebecca: aristócrata que desde que su hija tiene casi uso de razón, intenta emparentarla con su vecino y al no conseguirlo, porque la chica es demasiado joven, se esfuerza para meterla de dama en la corte y que pueda casarse como Dios y los cánones mandaban.

Elisabeth: la compañera de cuarto de Rebecca. Una chica malintencionada, cotilla, sin gusto, protestona y, por descontado, que está pirrada por el protagonista.

Shara: la que dirige a las damas de compañía es una mujer dedicada a conseguir información para usarla en su propio beneficio, mandando a espiar a las chicas. Así, a secas.

Nigel: jefe del espionaje, que al parecer está emparentado con la reina porque es el bastardo de no sé quién. Enamorado del protagonista por el que bebe los vientos.

La familia de Ruppert: aquí nos encontramos con una madre que ha ejercido incluso de padre, unos hermanos tan tarambanas como Rupert, una hermana que aún no se ha casado y varios más. No voy a nombrarlos porque apenas tienen relevancia en la novela. O al menos, para mí, no la han tenido.

Rupert St. John: el protagonista masculino, el agente de la Corona, el Ángel, el Adonis, el más guapo entre los guapos, tanto que incluso cuando está bailando la gente tropieza por mirarle. Vamos, que empalaga.

No me gustaría alargarme demasiado, creo que con la descripción de los personajes sería más que suficiente.

En fin, clásica novela de la época victoriana, chica mona busca marido aristocrático, chico super-super-superguapísimo de la muerte, secundarios que no llenan ni aportan nada a la historia. Ni tensión, ni intriga, ni secretos de estado, ni peligros, situaciones que me han resultado hasta absurdas (como una pelea por si entra o no luz por una ventana al amanecer), embarazo a media novela, que si no estás preñada y me engañas, que si sí que lo estoy y te lo voy a demostrar, que si me tengo que buscar una mujer para hacerse pasar por mi esposa y tengo que ir a buscarla a Francia (se ve que al protagonista no le servía una señora cualquiera)…

Podría extenderme, pero creo que es más que suficiente.

Como desquite a lo que se podría interpretar como una negación a las novelas de esta autora, decir que para mí sigue siendo una de las buenas, de mis preferidas y que seguiré leyéndola.

Pero eso sí, lo que no sale bien, pues hay que decirlo.