domingo, 17 de octubre de 2010

Mi perverso marqués - Gaelen Foley


Libro 1º de la serie “Club Infierno”

Comienza una prometedora serie que tendrá como eje el Club Infierno, una sociedad de caballeros más bien libertinos en cuya sede jamás pondría los pies ninguna dama que tenga en alguna estima su reputación.

Ni su título ni su fortuna han impedido que Max St. Albans, marqués de Rotherstone, sea repudiado por toda la buena sociedad inglesa, indignada por la actitud licenciosa y despreocupada del “Marqués Perverso” durante los años de la guerra contra Napoleón. La única manera de ser aceptado de nuevo sería casándose. La candidata ideal: una joven cuya belleza, inteligencia, noble cuna y, sobre todo, reputación intachable le abriera otra vez las puertas. Alguien que no se pareciera en nada a la señorita Daphne Starling.

Para la alta sociedad londinense, el Club Infierno es sinónimo de escándalo y libertinaje, la guarida de un grupo elitista de jóvenes aristócratas cuyos vicios no deberían llegar a oídos de una dama.

Una vida disipada es, sin embargo, la tapadera perfecta para estos agentes secretos reclutados entre las familias más nobles del país para servir a una orden antigua, a su rey y a Inglaterra.

Aunque en la batalla entre el bien y el mal, el amor puede ser el arma más poderosa.


Para la estricta sociedad londinense Max St. Albans no es más que un libertino sinvergüenza que en lugar de haberse pasado los años de la guerra contra Napoleón luchando por su país, se ha dedicado a viajar dilapidando su inmensa e interminable fortuna, dedicándose a comprar obras de arte, saltando de burdel en burdel y hasta se comenta que, en ocasiones, presenciando morbosamente, como se desarrollaban algunas cruentas batallas.

Pero la realidad del marqués de Rotherstone es muy distinta. Cuando tenía 13 años fue reclutado para formar parte de la Orden de San Miguel, como ya lo fueron todos sus antepasados desde hace varios siglos. Esta misteriosa Orden se dedica a entrenar muchachos para que al llegar a la edad adulta puedan servir a la causa. Los entrenamientos a los que han sido sometidos los convierten en auténticos luchadores y en personas duras, frías y cínicas, capaces de representar el papel que se les asigne. Viven, además, en una continua mentira, pues no pueden revelar a nadie, ni siquiera a sus esposas, cuál es su misión. Y su misión no es otra que acabar con los peligrosos prometeos, una red que desde el mismo tiempo que la Orden, pretende hacerse con todo el poder, y para ello les da igual a quien tengan que matar o lo que deban hacer.

La señorita Daphne Starling es una joven de buena familia que acaba de rechazar su tercera propuesta de matrimonio. El despechado dandi está haciendo correr rumores sobre su manera de proceder un tanto casquivana y dañando, de esa forma, su inmaculada reputación.

Daphne quedó huérfana de madre a la tierna edad de 10 años y su padre, casado en segundas nupcias con una viuda por debajo de su posición social que es además madre de dos niñas, atendiendo a las peticiones de su esposa, cree que ha llegado el momento de que la joven se case de una buena vez. Pero es que además, las arcas de la familia empiezan a estar bastante ligeras, y Daphne, ignorante de esta realidad, continúa gastando dinero para los más desfavorecidos.

Cuando acabada la guerra Max vuelve a casa, pretende lavar su deteriorada reputación haciendo un buen matrimonio. Para ello le pide a su abogado que le haga una relación de las 5 jóvenes que podrían convertirse en su esposa siguiendo unos criterios que le indica. En sus planes, obviamente, no entra que se pueda enamorar, por tanto la principal virtud que ha de tener su futura mujer ha de ser su intachable conducta, medio por el cual, podrá volver a codearse con la alta sociedad a la que pertenece.

Cuando recibe los informes que le envía su abogado, Daphne acaba de rechazar a su tercer pretendiente que, casualmente, es un antiguo enemigo de Max, y la señorita Starling pasa inmediatamente a ser la única que al marqués le interesa.

La manera en la que ambos se conocen no es la más idónea, sin embargo, a Max le hace reafirmarse en que es Daphne la mujer que quiere por esposa y ella, de inmediato, queda prendada de Max. Pero las cosas no son tan sencillas…


Alternando y entrelazando la historia de la pareja y los entresijos de la Orden, Gaelen Foley va poniéndonos al día de esta nueva serie que ha creado. Poco a poco vamos viendo el entrenamiento por el que han pasado los agentes secretos, cómo y quiénes han sido reclutados, cuál es la misión de la Orden, quién la dirige, cómo y por qué se fundó, quiénes son los malos, y conociendo un poco a los personajes, compañeros de Max, que imagino, formarán parte de las siguientes novelas. Me ha interesado especialmente la historia de Drake, aunque supongo que ésta, si la cuenta, la dejará para el final.

Hay además un edificio que es la sede del Club Infierno. En apariencia, es una casa donde se reúnen los malvados libertinos para organizar fiestas con las que escandalizan a las buenas gentes de Londres, pero en los bajos de la mansión hay pasadizos, celdas, perros adiestrados y una entrada y salida al río oculta y cerrada por una reja. Todo perfectamente orquestado y organizado, y dirigido con férrea mano por un escocés que es el jefe de todos los agentes.

Desde que comencé la lectura de Mi perverso marqués, la novela me atrapó sin remedio, aunque después, por momentos, me fui desinflando. Es posible que al ser el primer libro de la serie, la autora haya dado más peso a la trama donde se van a mover todos los protagonistas de las distintas historias y a la presentación de todos ellos, y por eso yo me haya quedado con la sensación de que me ha faltado “miga” en la relación de Max y Daphne. También es posible que, unido a eso, o por eso precisamente, me ha resultado un poco flojo el enamoramiento de la pareja (salvo que lo achaque a lo que bien puede ser un flechazo), pero lo que sí me ha fastidiado y creo que es lo que me ha jorobado el libro, es una escenita hot que para mí no venía a cuento de nada, ni entiendo cómo ella la admite (¡en esos tiempos y con su intachable reputación!) y además me parece que está puesta a falta de otra idea de la autora para ese momento (o porque ahora se pide mucho eso del sexo en las novelas románticas).

Por otra parte, los secundarios de lo que sería el entorno de esta pareja, se me quedan desdibujados y faltos de fuerza. En realidad es lo mismo que me pasa con la relación de amor de ellos dos… A ver si logro explicarme: la sensación que me ha quedado es que tiene más peso la historia de la Orden y todo lo que conlleva (que me ha encantado) que el romance de la pareja y por tanto su historia. Sí, hay muchas escenitas de cama, pero con eso yo no veo cuánto ni por qué se aman y, ya puestos, por qué todo el mundo acepta tan fácilmente al libertino; que sí, que se dicen los motivos, pero...

Por lo demás, el libro en su conjunto me ha gustado. Me quedo con unas ganas tremendas de leer la siguiente entrega de la serie que la autora, por cierto, en el epílogo ya desvela quienes van a ser los protagonistas y pinta muy bien.