viernes, 26 de junio de 2020

Valle de sueños, de Beatriz Manrique

Una novela con una historia de amor dulce y cargada de momentos tiernos.

Nos encontramos en la América de finales del XIX, en la que todavía sus habitantes conservaban vestigios de la antigua aristocracia británica en sus costumbres, sus modales y sus bailes y fiestas. Podría dar la sensación, al inicio de la lectura, de que nos hallamos en Inglaterra, hasta que aparecen los viñedos, la cabaña y la mecedora en el porche. Además, Beatriz nos tiene acostumbradas a una maravillosa ambientación, y de sus novelas siempre podemos aprender un poco más de historia.

La forma en que la trama está desarrollada me ha parecido muy curiosa. Desde mi punto de vista, la novela puede dividirse en dos partes. La primera es una línea del tiempo discontinua, es decir, no hay una temporalidad correlativa entre las escenas. Durante la primera parte tenía la sensación de estar ante un álbum de fotos. Cada escena representa una foto distinta, pero aunque no tenga relación temporal con la anterior, la historia no pierde continuidad. La segunda parte, en cambio, es una sucesión encadenada de hechos. Así, la primera parte coincide casi con la narración de la fragua de la relación entre los protagonistas, y la segunda parte con la consolidación.

Los protagonistas, tanto principales como secundarios, son notorios y cautivadores. Tienen fuerza y peso dentro de la historia.

Craig es un personaje maravilloso que te conquista enseguida. No evoluciona como protagonista a lo largo de la historia, más bien, cambia nuestro conocimiento de él. Lo conocemos en un baile -del que no sale bien parado-, pero lo vamos descubriendo a lo largo de la novela, por lo que el Craig del final del libro no es el mismo del principio. Hemos conocido su pasado, sus luchas, sus heridas y la profundidad de su amor por Melissa, y en ese conocimiento radica su evolución. Me ha cautivado su dulzura y su timidez, que lo hace adorable, y me impresiona cómo se mantiene como un hombre íntegro a pesar de todo lo que ha sufrido.

Melissa, en cambio, sí evoluciona como personaje. Mi primera impresión de ella, lo confieso, fue negativa. Me parecía un poco bruja, con todos esos comentarios que soltaba y ese mal genio, pero me encanta la forma en la que va cambiando gracias al amor y a la ternura de Craig. Es una mujer que, hasta ese momento, ha tenido un horizonte de vida bastante estrecho ofrecido por una vida resguardada y una educación constreñida. Viajar al valle de Sonoma y vivir en una cabaña, cambiará su visión de la vida y la convertirá en una mujer distinta.

El estilo de Beatriz es cautivador en su forma de contar las historias, envolviéndote en ellas y haciendo que tomes parte de los sentimientos y de las experiencias de los protagonistas. Me hubiese gustado que alargase un poco más la primera parte de la historia, pero, de todas formas, también me ha gustado conocer cómo continúa la vida de la pareja después de conquistar el amor, algo que, habitualmente, queda a la imaginación del lector.

Una historia para disfrutar y que recomiendo a todas las lectoras de romántica histórica.

Marta Luján


Romántica

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