jueves, 5 de agosto de 2010

Cómo atrapar a un conde de Kathryn Caskie


A diferencia de sus hermanas, Anne es una joven poco llamativa que pasa desapercibida con suma facilidad en las reuniones y acontecimientos sociales a los que asiste. Casi como si fuera invisible. De tez de porcelana y cabello rubio platino, tiene la habilidad “camaleónica” de parecer fundirse con las paredes. Nadie repara en ella y de eso se vale para, en ocasiones, divertirse a costa del resto de asistentes.


Las trillizas Royle siguen tras nuevas pistas que las conduzcan a averiguar si, realmente, son las hijas del príncipe regente galés. Las últimas pesquizas apuntan a que el difunto conde MacLaren, de algún modo estuvo envuelto en el misterio de sus orígenes. De hecho se cree que guardó en su poder unas cartas que pueden esclarecerlo.

Así que, aprovechando su “mágica” habilidad y la celebración de una reunión en la mansión del actual conde MacLaren, Anne entra a hurtadillas en su dormitorio para buscarlas, pero con tal mala fortuna que no sólo Laird Allan parece inmune a su “invisibilidad”, sino que la sorprende. Aunque inicialmente cree que la joven sólo pretende tener una aventura amorosa con él, pronto que se percata que son otras sus intenciones. Pero es tarde y, juntos, acaban siendo los protagonistas una escena comprometida.

Así que, para evitar que su reputación quede en entredicho, Anne improvisa la mentira de que Laird Allan y ella están comprometidos, pero eso desencadena un problema aún mayor: cómo romper el compromiso sin que la reputación de uno ni otro sufra a causa de ello. Creen contar con la solución perfecta, pero como suele ocurrir cuando las hermanas Royle y el club de los libertinos andan cerca, nada sucede según lo acordado...


Tras lograr que Mary, la mayor de las hermanas Royle, contrajera matrimonio con el duque negro, Rogan, ahora el club de los libertinos tiene puestas sus miras en Anne para que sea la próxima en pasar por la vicaría. Eso sí, a la vez que continúan con la investigación para desvelar la verdad sobre el nacimiento de las trillizas Royle.


Cómo atrapar a un conde es la segunda de las tres novelas que componen esta saga. Al igual que su predecesora, me ha parecido una novela sumamente sencilla, hasta cierto punto previsible, pero entretenida. No es una novela muy extensa. Eso, junto al lenguaje fluido y amenos diálogos, y la secuencia disparatada de los acontecimientos han hecho que sea una lectura ágil.

Una de las razones por las que paso un buen rato leyendo esta trilogía es que cada una de las personas Royle representa un estereotipo: Mary era la austera, la tacaña; Anne es sencillamente invisible, pasa inadvertida para todos. Y en lugar de que eso suponga para ella una humillación o hiera su sensibilidad, es capaz de hacer que sea algo beneficioso para ella.

Pero Laird Allan, el nuevo conde MacLaren, es inmune y sí repara en ello. No sólo eso, sino que se siente muy atraído por la misteriosa y casi etérea joven. Sin embargo, a pesar de la atracción que despierta en él, a pesar de estar “comprometidos” es otra la mujer con la que desea casarse y Anne se ofrece a ayudarle a conquistarla haciendo que la nefasta reputación que le precede desaparezca. A cambio, él la ayudará a dar con esa carta que puede demostrar que las trillizas Royle son las hijas del príncipe regente galés.


De carácter tan sencillo, previsible e incluso disparatado como la anterior, Cómo atrapar a un conde es una novela que continúa con las pesquisas detectivescas de este variopinto grupo: unas trillizas procedentes de Cornualles que llegan a Londres buscando marido y un grupo de ancianos que en su buenos tiempos fueron unos libertinos de la calaña del conde MacLaren.


Pero MacLaren no es un granuja sin más, desea reformarse por una mujer, una joven viuda que no mucho tiempo atrás lo abandonó prácticamente en el altar y se casó con un anciano. Ahora desea demostrar que es otro hombre pero para ello deberá luchar contra la atracción que su dulce pero testaruda prometida despierta en él.


Sin grandes sorpresas ni sobresaltos, sin contar con una trama enrevesada ni sorprendente, he pasado un buen rato con esta novela. No es una historia profunda ni de grandes pasiones, no es una historia que haya dejado huella pero me ha entretenido y distraído durante un tiempo.

La relación entre Anne y Laird ha ido envolviéndome poco a poco por los amenos diálogos y cómo, poco a poco, va creciendo la atracción que los une y les lleva a pensar cómo sería si, en realidad, estuvieran comprometidos. ¿Cómo sería pasar el resto de la vida juntos?


Como en la anterior novela el secreto sobre los orígenes de estas hermanas es el eje de la historia, aunque eso no resta protagonismo a la trama romántica. Más bien es el punto de partida de ésta. A estas alturas, nuevos interrogantes surgen y las incógnitas parecen aumentar novela tras novela. Sin ser un libro que cuenta una trama de suspense que absorbe me ha divertido y aguardo impaciente por conocer el desenlace de la novela y la historia de la tercera hermana.