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viernes, 24 de abril de 2009

El señor de la guerra de Elizabeth Elliott

Ambientada en la Inglaterra Medieval, El señor de la guerra narra uno de los romances con más encanto, sensualidad y dulzura que he leído hasta la fecha. Tras regresar de Las Cruzadas y acceder al título de Baron de Montague, Kenric se ve obligado por mandato de su Rey a contraer matrimonio con Tess de Remmington. Tess huyendo de la cautividad que la ha mantenido bajo las manos de su padrastro durante años busca refugiarse en la apacible vida de un convento, mas por obligación real debe casarse con el terrible guerrero al que apodan el Carnicero de Gales, en honor a las atrocidades que se le asignan.

Kenric es un guerrero marcado por las armas y el oscuro secreto de su nacimiento. Su vida ha girado siempre entorno al campo de batalla, lo que le ha convertido en un hombre surcado por las cicatrices tanto en su cuerpo como en su alma. Es un hombre rudo, intrépido, temido por todos, que nunca habría pensado en casarse si no hubiera mediado el propio Rey de Inglaterra. La propia Tess le teme, especialmente por todas las leyendas que circulan entorno a su carácter sanguinario, vengativo y cruel. Pero la convivencia forzada entre ellos a raíz del impuesto enlace, les otorga una nueva perspectiva al uno del otro. Kenric, para su temor y espanto, empieza a descubrir una profundidad de sentimientos hacia ella, que simplemente estaba destinada a ocupar su cama y engendrar al futuro heredero de Montague, y el nacimiento de unos sueños cálidos y esperanzadores que desea forjar a su lado. Tess poco a poco ve derrumbarse ante sus ojos todas y cada una de las negras historias que rodean a su austero marido, descubriendo bajo esas capas rudas y crueles a un hombre de gran corazón y profunda lealtad hacia ella, pese a sus repetidos intentos por huir de él. Descubre un caballero que hace brotar en ella sentimientos impensables y prohibidos hacia alguien que es tenido en tan baja valoración moral a ojos del resto del mundo.

El señor de la guerra entremezcla a la perfección la ambientación histórica con una historia de amor inolvidable y realmente preciosa. Pese a todas las alusiones a la historia de Inglaterra en plena época medieval, pese a todas las tramas que confluyen y tejen esta novela, a mi parecer prima sobre todo ello, la relación entre Tess y Kenric. Una historia intensa, repleta de sensualidad, encanto y hasta diría que dulzura. A medida que vas leyendo el libro descubres nuevos rasgos de los protagonistas, de sus personalidades, miedos y esperanzas, accediendo de este modo a la evolución de sus caracteres que resaltan por encima de todo el resto de personajes, configurando de este modo un romance mágico, que te hace soñar y hasta suspirar con un caballero como Kenric de Montague. Creo que la escritora logra de una manera magistral que en todo momento mantengas la atención enfocada en la relación de Kenric y Tess, sin que por ello ignores el resto de personajes secundarios. La naturaleza de los vínculos que se establecen entre los personajes protagonistas del libro es realmente maravillosa.

Sin obviar que la historia transcurre en plena época medieval en la que imperan unas normas y unas costumbres, donde la vida de sus personajes sencillamente sigue los dictados de un Rey por encima de sus voluntades, donde el papel de la mujer queda relegado únicamente a ser esposa y madre, sin que además se valoren demasiado esos roles, nos encontramos con una novela que transmite una infinidad increíble de sentimientos, sensaciones y valores de enorme profundidad. La ambientación histórica de la historia es uno de los mayores atractivos de este libro. Refleja de una manera increíblemente sencilla la vida de los hombres y mujeres de la Edad Media, sin necesidad de centrarse en detalles políticos o bélicos. A través del día a día de unos personajes increíblemente bien retratados accedes a una época rodeada de leyendas y costumbres que en comparación a la época actual son injustas, anticuadas y faltas de respeto en muchas ocasiones, pero que vivido a través de personajes como Kenric y Tess es sencillamente una época apasionante.

Creo que esa es la magia de la novela romántica histórica acercarte a épocas pasadas viviéndolas a través de los ojos de sus personajes. El señor de la guerra sin duda logra este cometido a la perfección. Elizabeth Elliott ha logrado mediante las palabras y líneas de su libro transportarme a esa época, vivirla a través de Kenric y Tess de un modo precioso y sutil. La relación de amor entre ambos es muy cautivadora, te hace mantenerme en suspense, suspirando constantemente por conocer su continuación, sin poder dejar de leer hasta el fin. Pero creo que es el carácter y la naturaleza de sus protagonistas los que logran este hecho, pese a la infinidad de aspectos de interés que pueden atraerte como la mención a Las Cruzadas, el juramento de vasallaje, la lucha entre caballeros, el papel de la iglesia en la sociedad medieval...creo que temas con mucho atractivo histórico. Pero que para mi empalidecen al lado de un historia de amor tan bonita e inolvidable como la de Kenric y Tess, una historia cuyos protagonistas por todo lo que despiertan en el lector ocupan un puesto preferente entre mis preferidos, así como este libro ha ocupado un lugar muy especial en mi estantería.

Encadenados de Elizabeth Elliott

Al contrario que su hermano Kenric, el Barón Guy de Montague, es un hombre más habituado a negociar y discutir que a empuñar una espada. Sin embargo, no por ello deja de ser un temido y respetado guerrero. Su nombre es venerado como señor de las tierras y propiedades de Montague, aunque está lejos de despertar el terror que el legendario Carnicero de Gales inspira. Guy es un hábil comerciante, habituado al regateo e intercambio de mercancías o propiedades. En él prevalece siempre iniciar una negociación y una discusión, antes que desenvainar su espada, aunque a veces la tentación de empuñarla le cosquillee en los dedos, tal como le sucede ante el Barón Laurence de Londsale.

La fortaleza de Halford -castillo de Londsale- que perteneció a los Montague tiempo atrás, ocupa su mente. Recuperarla se convierte en su objetivo.

Con esa finalidad se desplaza, con tan sólo una pequeña cuadrilla de hombres como protección, hacia los dominios del inescrupuloso Londsale. Un espía de Montague, tras los muros de Halford, le mantiene puntualmente informado de los hechos que allí tienen lugar. Sin embargo, con lo que no cuenta Guy es con la existencia de una hermosa dama en el castillo. Apenas sus ojos se posan sobre ella, brota la necesidad incomprensible de conocerla. Incluso, se forma en su mente la idea de convertirla en su esposa, pese a sus reiteradas negativas a la idea del matrimonio.

La joven no es otra que Claudia Chiavari, la sobrina del mismo Londsale. Su origen italiano la hacen diferente a ojos de los ingleses. Incómoda, ante las miradas inquisitivas con que la estudian, e insegura, a la hora de expresarse en la lengua inglesa, Claudia es una figura silenciosa que se desliza como una sombra entre los muros de Londsale. Ocupa sus horas en el cuidado de los jardines del castillo y en la preparación de pócimas curativas. Es una joven tímida e insegura que tiende a evitar la mirada de todos, especialmente de ese desconocido caballero: Guy de Montague, cuyos azules la siguen a todas partes y que parece empecinado en conocerla, atreviéndose a besarla y a prohibirle besar a otros hombres. ¡Inaudito!

Pero, pese a su fingido desdén hacia el joven Barón, Claudia se siente atraída por él. Aunque trata de fingir indiferencia, el recuerdo de sus besos la mantiene despierta por las noches. A su vez, Guy tiene claras las armas con que piensa negociar la compra del castillo de Londsale: su idea es marcharse de aquellas tierras como propietario de éstas y prometido con Claudia Chiavari.

Sin embargo, la inescrupulosidad del Barón de Londsale no tarda en manifestarse. El hombre tiende una trampa al joven Montague, drogándolo y arrastrándolo al lecho de la propia Claudia. Sorprendidos en esa situación, son obligados por el tío de la muchacha y el Obispo Germaine al compromiso. Pese a que, inicialmente, ése era su deseo, Guy se siente estafado y engañado. La idea de que la hermosa Claudia sea parte del ardid, lo lleva a idear su fuga de Londsale, llevándosela como rehén. La idea del matrimonio desaparece de su mente… o eso se dice a sí mismo. El que Claudia le confiese sus descubrimientos: todo aquello ha sido ideado por Londsale y el Obispo con la finalidad de sacar a Guy una buena cantidad de oro y liberarse de su sobrina, para después asesinar al joven Barón y culpar a la muchacha, no sirve para apaciguar la furia hacia ésta. Al contrario, está decidido a no sucumbir a la tentación que la muchacha representa para él. Tal vez… se conceda la posibilidad de convertirla en su amante, pero nunca en su esposa y la Baronesa de Montague.

Tras leer El Señor de la Guerra, el personaje de Guy, el hermano menor de Kenric, se convierte en un hombre envuelto de misterio. Las noticias que sobre él llegan a las tierras de Remmington nos insinúan una novela muy interesante, rodeada de preguntas y dudas. Las respuestas se hallan en Encadenados. Si esperáis encontrar un personaje similar al Kenric no lo encontraréis, ya que Guy es un joven muy diferente, con un carácter y una vida que distan abismalmente del terror y desdicha que envolvieron la de Kenric. Pero se trata de una novela muy romántica, dulce y, como su predecesora, inolvidable.

Elizabeth Elliott nos sorprende con una bonita novela histórica, que enmarcada en la Inglaterra medieval nos muestra la supuesta traición de Claudia a Guy y el modo en que éste reacciona a ésta. A lo largo de sus páginas, asistimos a una muestra tras otra de la duda, confianza y recelos que laten entre la pareja. En el proceso se enamorarán el uno del otro. Uno de los mayores atractivos del libro reside, nuevamente, en sus protagonistas. Guy es un joven mucho más sensible y accesible que Kenric. Sus sentimientos están reflejados en todo momento en la manera que actúa, piensa y siente, tanto como los de Claudia. La relación entre ambos destila dulzura y sensualidad desde la primera la última palabra. Si bien Kenric se nos mostró como un hombre hosco, duro y huraño, Guy es prudente, reflexivo, audaz y carismático. La disparidad entre ambos garantiza escenas intensas e interesantes entre los hermanos.

Uno de los rasgos que prevalecen en esta novela, es la ambientación en que se sustenta. Es fácil sentirse transportado al castillo de Montague, sentir el frío de las mazmorras o el calor del fuego entre los muros de piedra... Y sobre todo, es fácil sentirse abstraído en la dulzura y sensibilidad que destila la historia de amor de Guy y Claudia.

Las punzadas de humor con que la autora nos deleita, la intensidad de sus diálogos, la sutileza con que describe el enamoramiento de la pareja, hilvanan una novela mágica, dulce y muy emotiva, en la que la aparición de Kenric y Fitz Alan actúa como nexo con El Señor de la Guerra y donde asistimos a nuevos y sorprendentes descubrimientos sobre algunos de los personajes del anterior libro, así como la relación de éstos con Guy y Claudia. A medida que se avanza en la lectura y la relación entre los protagonistas parece afianzarse, surgen nuevos enemigos, nuevos secretos y misterios a resolver.

Si en El Señor de la Guerra encontramos a un protagonista hosco y huraño que era torpe y autoritario a la hora de mostrar su amor a Tess, en Encadenados descubrimos en Guy a un hombre sensible, franco y osado en sus demostraciones, pero no por ello menos desconfiado o receloso. El Barón de Montague y Claudia Chiavari son una pareja muy diferente, pero a su modo, expresan sus sentimientos cautivándonos en una nueva y maravillosa novela de Elizabeth Elliott. Si os gustó El Señor de la Guerra en Encadenados encontraréis una novela tan intensa y cautivante como la anterior. Un libro imprescindible para los lectores enamorados de la épica de la novela medieval.

jueves, 23 de abril de 2009

El duque de Elizabeth Elliott


Miles de Montague, el ilustre Duque de Remmington, de la noche a la mañana pasa de ser un granuja al caballero andante de Lily Walters. Tras descubrirla huyendo, pálida y asustada de muerte, de un enmascarado atacante en mitad de la noche, se convierte en su sombra y guardián.

Durante años Lily ha estado enamorada del frío e inalcanzable Duque de Remmington, pero jamás lo ha demostrado abiertamente ni ha logrado despertar en él el menor de interés. Su apariencia frívola, descocada y excéntrica -la que finge ante la alta sociedad- no ha ayudado precisamente a que el duque la vea con buenos ojos.
No sabe que, en realidad, éste no desea volver a casarse después del fracaso de su primer matrimonio. Se ha convertido en un hombre con un orgullo desmedido y una envidiable posición en la sociedad inglesa para el que las mujeres sólo son un pasatiempo agradable… pero efímero.

No obstante, tras coincidir con Lily en el baile de los Asllands y lograr casi bajo coacción ser presentados, Miles se las ingenia para arrastrar a la dubitativa joven a la pista de baile con lo que a Lily le da un vuelco el corazón. A pesar de su reticencia, descubre lo complicado que le resulta interpretar su papel anodino y simplón delante del hombre con el que ha soñado durante años, cuando bajo su disfraz se esconde un cerebro de ingeniosa inteligencia y cuando su pulso se acelera ante el magnetismo de Miles.

Lily Walters trabaja como espía para el departamento de guerra inglés. Desde una posición en las sombras, desempeña la labor de criptóloga: descifra los códigos enviados por los agentes secretos desde Francia. Sólo su padre, Lord Crofford, y su mejor amiga, Sophie Stanhope, conocen esa faceta de su vida.
Miles también tiene un trabajo para el gobierno inglés, sin saber que Lily se encuentra en ese mismo bando.

Para Lily, Remmington es el hombre inalcanzable del que lleva años enamorada, un granuja que jamás ha mostrado el menor interés en ella. Para Miles, Lily es una joven ligera de cascos, aunque ingeniosa y hermosa, pero demasiado frívola. No obstante, a su pesar, se siente irremediablemente atraído por ella y, para su sorpresa, descubre que ésta no es tan ignorante e inmune a su atractivo como quiere aparentar.
Pero tras rescatarla en las calles de Londres de su agresor, se convierte en su protector, su guardián y su sombra… y casi sin darse cuenta, para sorpresa de todos (incluido él mismo), en un simple caballero inglés cortejando a una dama.

En realidad no es más que representación para mantenerla vigilada después de descubrir, para su consternación, cuál es la ocupación secreta de la joven y que ésta sea víctima de varias atentados. Las circunstancias acaban arrastrándolos a un callejón sin salida que ninguno de los dos preveía.

Sin proponérselo, Lily y Miles se convierten en la pareja de moda de la temporada y en el objeto de chismorreos de todo Londres: ¡el granuja del duque de Remmington y la extravagante Lily Walters!
Para evitar que un escándalo arruine el buen nombre de Lily, se ven empujados hacia un matrimonio en apariencia frío y distante, aunque en la intimidad de su dormitorio la realidad es muy diferente. Una poderosa atracción subyace entre la pareja.
Remmington siempre se había jurado no volver a casarse tras su desastroso primer matrimonio con una mujer infiel e interesada. Por ello se mentaliza con que sólo amistad puede existir entre él y su tentadora esposa (además de una obvia e innegable atracción sexual). Así se lo hace saber a ésta, mientras Lily se empecina en lograr conquistar el corazón de frío y apuesto marido y romper, una a una, todas las barreras que se alzan entre ellos.

Pero mientras estos luchan por doblegar la voluntad del otro, existe un asesino que persiste en su afán por matar a Lily. ¿Es su trabajo como espía la causa de estos atentados, o existen otras motivaciones? Sean cuales sean, Remmington jura que no permitirá que el traidor tenga éxito, aun a riesgo de su propia vida. Y… cuando descubre el grave peligro que amenaza a Lily, se percata de que no es sólo amistad lo que la une a ella…

Elizabeth Elliott se ha convertido con sólo tres novelas publicadas en una de mis escritoras preferidas. Los personajes que crea, la humanidad que transmiten, los sentimientos que retrata, junto con la mágica ambientación histórica con que envuelve cada uno de sus libros, son los culpables.

El Duque nos deleita con una historia de amor que me ha mantenido en suspense de la primera a la última página. El amor entre Miles de Montague, el Duque de Remmington -y descendiente de Kenric y Guy de Montague, los protagonistas de El Señor de la guerra y Encadenados- y Lily Walters se desarrolla en una trama que, a priori, puede resultar ya conocida pero que, al llegar al final, te deja con un muy buen sabor de boca.

Ambientada en plena guerra entre Inglaterra y Francia, narra una historia de amor de dos personas que trabajan como desde las sombras para su país.
Aunque se conocen desde hace años, jamás han intercambiado ni una palabra ni un gesto de reconocimiento; ninguno conoce las actividades secretas del otro, pero la atracción subyace entre ellos hasta que estalla.
Un baile, un intento de asesinato y el arraigado instinto de protección de un hombre, en apariencia fría y distante, son los elementos iniciales de esta novela: la de un hombre decidido a proteger a una mujer a quien se jura no amar jamás; la de una mujer que esconde su verdadera naturaleza, sus sueños y anhelos…

Quizá el argumento no parezca nada nuevo, ni la ambientación ni los personajes… pero Elizabeth Elliott logra que esta historia parezca diferente, con emociones que traspasan las páginas, con una atmósfera envolvente y cautivadora.
Los diálogos, los tiras y afloja entre Lily y Miles, la sombra del asesino… la apasionante labor de Lily descifrando códigos se conjugan para crear una inolvidable historia de amor cuyos protagonistas han logrado, una vez, impresionarme.
No es sólo por la maravillosa trama, a mi parecer hábilmente enlazada y aderezada con pinceladas de romance e intriga a pequeñas dosis, sino por su escritura: la pluma ágil y envolvente de esta escritora.

A menudo hay géneros o temas que resultan reiterativos y que tras varios libros leídos, por sus argumentos similares logran parecer todas iguales. Sin duda existen infinidad de novelas ambientadas en La Regencia, pero con El Duque la autora logra transmitir una historia “diferente”.
Tal vez, no sea muy objetiva en mis apreciaciones. Como digo Elizabeth Elliott es una de mis escritoras preferidas, pero este libro ha logrado revivir mi interés por un tema que me parecía deslucido y agotado hasta el cansancio.

El personaje de Miles de Montague -el duque de Remmington- no me parece en absoluto un granuja. Es algo que desde las primeras páginas llega al lector. Estamos más bien ante un hombre que quiere ser un granuja y no desea sentir nada por Lily. Si tengo que destacar un rasgo distintivo del protagonista de esta novela es su capacidad de protección, la cual da pie a escenas, a mi parecer, preciosas.

En contrapunto el personaje de Lily me parece chispeante y audaz. Lejos de las damas dulces y frágiles propias de este género, es muy agradable encontrar una protagonista de estas característica. Pese a lo que pueda parecer por su labor como criptóloga, tampoco resulta “masculina” en su comportamiento. Creo que la autora logra equilibrar su belleza e inteligencia, sin resultar poco creíble o aburrida.

En resumen el Duque me ha parecido una novela apasionante, que ha logrado envolverme en su lectura desde la primera a la última página, gracias a unas pinceladas de intriga, otras de misterio y sobre todo con una historia de amor intensa, tierna y apasionada. Es un libro que me da devuelto la fe en las novelas de La Regencia.