Este blog respeta los derechos de autor.

Todos los libros de los que aquí hablamos han sido comprados y leídos en papel o ebook en español o en inglés. Este NO es un blog de descarga de libros. Las críticas y/o reseñas que aquí se pueden leer son opiniones personales, nada más, y no pretenden ser otra cosa. Reseñamos principalmente novelas románticas, pero también, de vez en cuando, damos nuestra opinión sobre novelas pertenecientes a otros géneros.



Mostrando entradas con la etiqueta Paullina Simons. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paullina Simons. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de abril de 2009

El jinete de bronce de Paullina Simons


Durante mucho tiempo he sido muy reticente a leer esta novela, pese a que el argumento me llamaba muchísimo la atención. Me parecía una novela diferente, no sólo por la ambientación, sino por la trama en sí.
Ahora que la he leído debo decir que si me arrepiento de algo es de no haberla leído antes porque es uno de los libros más bonitos y emotivos de los publicados en los últimos años. Al menos en mi humilde opinión. Y no he podido evitar dejar mi comentario…

El jinete de bronce no es sólo una historia de amor en tiempos de guerra, sino una historia de amor en mayúsculas, de ésas que recuerdas aun mucho después de haberla leído, de ésas que necesitas volver a leer para revivir lo que te hizo sentir, de ésas cuyos protagonistas dejan huella y cuyos diálogos permanecen grabados en tu memoria diría que casi indefinidamente.
Cuando una novela me cala hondo, se queda en mi cabeza y no dejo de pensar y pensar en fragmentos o diálogos, en todo lo que sentí al leerla. Eso es lo que me ha sucedido con El jinete de bronce. Así, no sé si es una gran novela, puesto que como con todas es muy subjetivo, pero para mí es una de las mejores que he leído nunca.

La acción arranca en 1941, días antes de que Rusia sea invadida por la Alemania nazi. Tatiana, la protagonista, es apenas una joven que empieza a despertar como mujer. Su cuerpo apenas acaba de madurar, pero en su cabeza y en su alma aún siente y piensa como una adolescente. En muchos aspectos es aún una niña, nunca se ha enamorado ni ha visto su mundo sacudido, algo que en poco tiempo cambia irremediablemente cuando éste se sacude sobre sus cimientos y los de Rusia, a causa del amor… y la guerra.

Cuando se difunde por la radio la noticia de que estalla la guerra, Tatiana se siente alborozada imaginando la evacuación de Leningrado. En su imaginación lo ve como una gran aventura, algo que no tardará en cambiar y en lamentar.

Mientras los primeros disparos y bombas caen sobre Leningrado, Tatiana conoce a Alexandr, un joven y atractivo oficial del ejército rojo. La atracción entre ambos jóvenes es inmediata: para Alexandr se trata de un sentimiento para el que no estaba preparado y para el que no hay hueco en su vida, menos en tiempos de guerra; para Tatiana es despertar al primer amor y ese vértigo que lo envuelve y ese ensueño con que todo lo envuelve, ése que le hace capaz de buscar atisbos de esperanza y futuro incluso en mitad de la devastación de la guerra.

Pero mientras ese enamoramiento va floreciendo, sobre los jóvenes caen infinidad de obstáculos que empañan ese amor naciente, empeñados en separarlos y en no permitir que crezca. Por un lado la guerra, siendo Alexandr un soldado su lugar está en el frente de batalla; por otro está Dasha, la hermana mayor de Tatiana, también enamorada de éste y al que presente ante la familia Metanov como su novio, y por otro Dimitri, un amigo de Alexandr que también se interpone entre ellos por medio de ardides y secretos.

Tatiana se siente dividida entre ese extraño sentimiento que le inspira Alexandr, un sentimiento al que no logra definir, y su lealtad y amor por su hermana, a la que no desea herir. Pero tampoco sabe como afrontar todos los sentimientos que surgen en esa vorágine que no comprende y no sabe como explicar.
Alexandr la cautiva pero la asusta, lo admira pero teme que le haga daño, después de todo ella no es más que una joven, apenas una niña, inexperta y sin el exuberante atractivo de Dasha.
Pero su inocencia, su ingenuidad y su corazón, desbordante de amor, es lo que enamora a Alexandr y lo que los une de un modo sutil, casi inapreciable, de un modo que sólo puede explicar el amor.

A la vez que los estragos de la guerra se difunden: la pobreza, el hambre, la muerte…, Tatiana y Alexandr tratan de ocultar sus sentimientos para no herir a Dasha, mientras a su vez, luchan por sobrevivir a tanta barbarie.
Si la situación no es suficientemente peligrosa y compleja, aún aparecen nuevos elementos, cuando Alexandr le confiesa a Tatiana un secreto que de ser divulgado, pondría en peligro la vida del oficial y la de todo aquél cercano y querido para él.

El jinete de bronce se sustenta en una impecable base histórica, bien documentada y bien ambientada. Al margen de la historia de amor, la segunda guerra mundial durante la invasión nazi en Rusia, queda reflejada con rigurosidad, pero la autora se centra en los aspectos que afectan a la vida de los ciudadanos rusos, de la gente más humilde.
La historia de amor entre Alexandr y Tatiana es sencillamente preciosa, desgarradora por momentos, dulce, sensual y ante todo muy tierna. Entremezcla inocencia y dulzura, pasión y celos, traición y desconfianza dando como resultado una trama que te envuelve de principio a fin.

Quizá el personaje mejor retratado, o al menos con mayor detalle, es el de Tatiana. Sabes qué siente y piensa en todo momento, sufres con ella, te emocionas con ella. En cambio Alexandr es más hermético, durante la mitad del libro no sabes con certeza qué piensa, aunque si lees entre líneas, si interpretas sus gestos y palabras, habla de un modo que te emociona mucho porque muestra un amor silencioso, un amor secreto hacia Tatiana.
No voy a decir que todo el libro es perfecto o que todo me ha gustado. Hay momentos en que me he sentido tentada de cerrar el libro y dejar de leer por la tristeza y el dolor de Tatiana, pero ahí achaco a ella como responsable por no luchar abiertamente, por ceder …
La verdad es que el personaje de Tatiana es indescriptible por el amor que profesa, por su lealtad y su fe, por su falta absoluta de egoísmo. Algo que en ocasiones le provoca lágrimas y dolor. Entiendo que es una mujer muy joven que no ve la maldad ni el egoísmo de los demás, con lo que a la vez que una virtud también me parece un defecto.

Alexandr poco a poco va mostrando más de sí mismo. Al principio es más difícil entenderlo, pero según su relación con Tatiana se afianza, descubrimos nuevas facetas de él y se nos revela como un soldado y un hombre de principios y capaz de los mayores sacrificos.

No añado más. Poco más puedo decir sobre lo que esta novela me ha hecho sentir. Sólo que es mejor leerla y descubrir por uno mismo esta inolvidable historia de amor.

Tatiana y Alexander de Paullina Simons


Casi ha pasado un año desde que Leningrado fue invadida por los alemanes, casi un año desde que Tatiana y Alexander se conocieran y naciera su historia de amor. Tantas y tantas cosas han sucedido en ese período de tiempo: la guerra, el hambre, las enfermedades… y la separación.

Agotada, enferma y totalmente deshecha, Tatiana logra llegar a Nueva York donde da a luz al hijo de Alexander y donde le aguarda una nueva vida, una vida sin él. Destrozada, no halla las fuerzas para seguir adelante, sólo su hijo le insufla de un poco de aliento para vivir, o al menos sobrevivir. Consigue trabajo como enfermera en el mismo hospital donde fue atendida a su llegada la isla de Ellis, en Nueva York. Allí conoce a una enfermera, Vikki, que con el tiempo se convierte en una gran amiga y al doctor Edward Ludlow, quien no sólo la atendió en el parto sino que se convierte en un amigo y un apoyo.
Pero nada ni nadie logra arrancarla de la burbuja que crea alrededor de ella, ni los recuerdos de Alexander. Tatiana se convierte casi en un fantasma, nada queda de la joven optimista y risueña que enamoró al Comandante del Ejército Rojo, Alexander Belov. Ahora aunque vive, respira y camina día a día siente un dolor y un vacío en el pecho que no desaparece, su alma continua atrapada entre Leningrado, en Lazarevo… en Rusia, junto a Alexander.

Con la ayuda de un doctor de la Cruz Roja, Sawyers, Alexander logró fingir su muerte para obligar a Tatiana a abandonar Rusia. Descubierta su verdadera identidad y detenido por el NKVD sabe que la condena que le espera es la muerte y que como su esposa, el futuro que la aguarda a ella, no es nada halagüeño. Pero, en última instancia, tras ser sometido a torturantes interrogatorios, amenazas y acosos que casi minan su voluntad, y a punto de ser ejecutado, le es perdonada la vida, pero a cambio es obligado a dirigir un batallón de presidiarios que son enviados a primera línea de fuego, donde su misión suicida es allanar el camino al Ejército Rojo, o lo que es lo mismo, son enviados a una muerte segura.

No obstante, Alexander logra sobrevivir a duros meses esquivando el fuego, los disparos y las bombas, las enfermedades y el hambre, aferrándose a la más frágil de las esperanzas que aún le susurra que, un día, logrará huir para embarcarse a Estados Unidos, rumbo a la libertad … y a Tatiana.

Pero infinidad de contratiempos, traiciones y enemigos lo rodean, sin olvidar la misma guerra y finalmente, es encarcelado y enviado a una prisión, en lo que fue el campo de concentración de Sachsenhausen.

Cuando han transcurrido tres años desde su llegada a Nueva York, tres años en que no ha logrado olvidar a Alexander ni rehacer su vida, Tatiana descubre que existe una pequeñísima posibilidad de que su marido no muriera, tal como el corazón le dicta aunque todas las pruebas señalaran lo contrario. Las dudas la han corroído muchas veces pero sabiendo que sus sentimientos nublaban la razón y la lógica no tenía nada a que aferrarse hasta que sus pesquisas, por fin, dan resultado: Alexander no murió en 1943, testigos lo vieron en una prisión en 1945.
Invadida por una nueva esperanza y decidida a salvar a Alexander, Tatiana se presenta como enfermera voluntaria en la Cruz Roja para formar parte del convoy que viajará a Europa, recorriendo países y ciudades devastados por la guerra, curando heridos hasta lograr llegar a la mismísima prisión de Sachsenhausen, un antiguo campo de concentración nazi.

Torturado y al borde de la locura, considerado uno de los presos más peligrosos, Alexander permanece en una celda donde siente como sus esperanzas de huir desaparecen hasta que aparece una enfermera en su celda, en cuyo rostro reconoce a Tatiana. Cree que es una ilusión hasta que oye su voz y siente su mano…

Es difícil describir las sensaciones que esta novela ha despertado en mí. Intensa, apasionante y cautivante desde la primera a la última página. Pese a la crudeza, la soledad y desesperanza que describe, los infortunios que separan a Tatiana y Alexander, me ha parecido una novela preciosa. Inolvidable. Es cierto que se me ha encogido el corazón infinidad de veces mientras la leía, más bien la he leído con el corazón en un puño, pero al llegar a la última página lo he hecho con la sensación que sólo me deja una gran novela de amor.

Si El jinete de Bronce me enamoró, Tatiana y Alexander no ha sido menos. Y pese a que un gran parte de la novela, Tatiana y Alexander permanecen separados sin saber que ha sido del otro, la historia de amor que narra te pone los sentimientos a flor de piel página tras página. Los recuerdos, los pensamientos de uno y otro se hilan en una trama de sentimientos desgarradores que alcanza su punto álgido cuando se reencuentran.

Aunque no estamos ante una novela romántica a las que estamos acostumbradas, ya que la historia de amor está enlazada íntimamente con el inicio, transcurso y fin de la segunda guerra mundial, y la trama bélica está muy descrita y desarrollada, no tengo más que palabras de elogio para esta novela. Ha logrado emocionarme como pocas y erizarme la piel una y otra vez, despertando tal ansiedad por saber qué sucederá que es imposible dejar el libro.

Uno de los recuerdos más nítidos que me quedó de El jinete de Bronce es cómo Tatiana y Alexander se enamoran, la dulzura, las lágrimas y el sabor agridulce de un amor en mitad de una guerra. De Tatiana y Alexander me queda la fuerza inquebrantable de Alexander, determinado a sobrevivir por Tatiana; me queda la fe y la voluntad indoblegable de Tatiana por salvar a Alexander.

Poco más puedo añadir, sólo decir que es una novela que he devorado con avidez pero a la vez he saboreado cada página, cada palabra aunque suene contradictorio.
Poquitas novelas románticas me han impresionado como ésta, casi diría que ninguna, ya que describe un amor tan fuerte e indestructible, una fuerza tan grande con unos personajes tan humanos y reales que traspasa el papel. Una historia de amor en mayúsculas.


El jardín de verano de Paullina Simons


Después de años de separación, después de una guerra de por medio y la incertidumbre de saber si Alexander estaba vivo o no, Tatiana lo encuentra prisionero en un campo de concentración nazi y, juntos, Alexander y Tatiana huyen hacia America, hacia una nueva vida.
El que naciera en los albores de la segunda guerra mundial, rodeados de muerte y un futuro incierto, hizo del de ellos un amor que parecía tener los días contados con lo que lo vivieron al día, arañando cada segundo, cada instante y atesorando cada recuerdo para el día de mañana. Pero ahora un futuro seguro los espera, uno que les conduce a algo de lo que antes no han disfrutado: la convivencia y una vida juntos.

Tatiana, Alexander y Anthony, el hijo de tres años de ambos, se reencuentran y comienzan una vida como una familia, una familia donde el padre es un desconocido para el hijo, que lo observa con una mezcla de adoración, respecto e inseguridad; un padre que ha regresado devastado por la guerra, las torturas y la inanición, cuyo cuerpo está cubierto de cicatrices pero su alma también.

El jardín de verano narra la vida de Tatiana y Alexander, ya no como Tatiana Metanova y Alexandr Belov, sino como estadounidenses: como los Barrington, y cómo es su vida juntos a lo largo de los años.

La crueldad de la guerra, las experiencias vividas y sufridas, han quedado grabadas tanto en Alexander como Tatiana. Tatiana ya no es la joven risueña y esperanzada que ha esperado y llorado por su marido durante cuatro años, ahora es una mujer más madura y determinada a todo por evitar que éste vuelva a sufrir y por impedir que nada ni nadie lo aleje de ella. Así que cuando el Departamento de Estado de EEUU y su viejo amigo, Sam Gulotta, buscan a Alexander, Tatiana lo oculta.
Alexander es ante todo un soldado que ha estado al borde de la locura, que no logra arrancar de s memoria los recuerdos la devastación que ha vivido. Su dolor para olvidar levanta un muro que lo separa de Tatiana quien, impotente, no halla el modo de derribarlo.

Pero el de ellos es un amor demasiado grande y poco a poco, día tras día, mes tras mes y año tras año, se fortalece aunque también vive sus momentos más difíciles. Todo hasta que vuelvan a reencontrarse en el Jardín de verano.

Después de tres extensísimos libros, llegamos al esperado desenlace de esta serie. Ahora, tras leer los tres libros, debo decir que será una novela inolvidable que tiene un hueco muy especial en mi biblioteca.
Pocas historias de amor me han impactado como ésta. Demoledora, desgarradora, triste pero hermosa, esta pareja creo que formará a pasar parte de esas parejas estandarte de la novela romántica.

La verdad es que libro tras libro me he ido enamorando más y más de estos personajes, cuya historia desgrana todos y cada uno de los sentimientos más profundos e intensos que pueden despertar. Quizá pueda parecer que exagero, pero con la lectura tan reciente, aún estoy embargada de todo lo que estos libros me han provocado.

El jardín de verano es el desenlace de la serie, donde somos testigos de cómo transcurre la vida de Tatiana y Alexander juntos en Estados Unidos, una vez se reencuentran.
Normalmente cuando acabamos una novela en la que los protagonistas al fin se reencuentran o reconcilian, y no contamos con un epílogo que nos describa qué sucedió después, podemos preguntarnos “¿cómo fue su vida juntos?”. Incluso con epílogo queda flecos que no se reflejan.
Esta novela trata de eso, sobre todo se centra en los primeros quince años de vida juntos, aunque se prolonga hasta inicios del siglo XXI, desgranando la vida de ambos.

Ante todo es importante un punto en esta novela: Alexander no es el mismo hombre que hemos conocido en los dos libros anteriores. De hecho, en la última parte de Tatiana y Alexander ya queda patente el tormento que sufre. Algo que lógicamente no desaparece de la noche a la mañana.
Alexander se nos describe con muchos de los rasgos que caracterizan a ex-soldados y ex-combatientes. Un hombre acosado por los gritos de la muerte, un hombre que siente que no encaja en la vida normal. No sabe volver a ser un hombre normal. ¿Cómo puede serlo alguien que desde los diecisiete a los veintisiete años no ha sido otra cosa que un soldado soviético?

Tatiana no sabe como ayudarlo a curarse. Sólo el día a día les ayuda a reencontrarse, mientras tratan de vivir sin que los recuerdos de otro país, otra época y otra vida se lo impida, pero entre esos recuerdos está el dónde y el cómo nació ese amor, y eso no pueden olvidarlo.

La novela no pierde un ápice de lo que han sido las anteriores: sentimientos desgarradores, miedo, remordimiento y mucho amor. Al ser tan extensa, la autora describe y se centra en los diferentes lugares donde viven a lo largo de los años, los problemas que afrontan, y cómo todo ello, de algún modo, les sirve para sanar las heridas y seguir viviendo, reforzando su amor. También es cierto que hay partes muy tensas, muy sufridas en las que realmente lo pasas mal.
Entre las secuelas que les deja la guerra, la separación y el miedo a ser separados, y la madurez propia de la edad, vemos evolucionar el carácter tanto de Alexander como Tatiana.

Tatiana se nos muestra como una mujer firme, honesta y fuerte, pero bajo la superficie de mujer moderna e independiente, siempre está la muchacha de Leningrado.
Alexander es mucho más hosco, irascible, posesivo y celoso. A mí eso me gusta mucho porque este tipo de personalidades me encantan (noveleramente hablando), lo que da pie a momentos muy tensos y, creo, que controvertidos.

Pero detrás de todo esto, sigues viviendo una historia de amor preciosa, inolvidable, con sus sinsabores y sus alegrías. En fin… como la vida misma.

En general me parece una novela excelente, aunque hay un par de detalles que destacaría. No se me ha hecho excesivamente larga, pese a que hablamos de una novela de 950 páginas. Es absorbente. Apasionante.
Pero, en mi opinión, la última parte de la novela es un poco recargada en cuanto a detalles bélicos y políticos. Al ser Alexander un ex-soldado, al ser Anthony otro soldado y que cronológicamente tiene lugar la guerra de Vietnam, me han parecido excesivas las páginas en que se describe el armamento, los entresijos bélicos y políticos. Esa parte me ha puesto la piel de gallina por muchas cosas que, lógicamente, no desvelaré y porque nos rescata al Alexander soldado de libros anteriores.

El jardín de verano me parece el punto final perfecto para una serie que cuenta una historia de amor inenarrable y que, desgranada en tres libros, me ha parecido preciosa. Es bonito leer sobre unos personajes, siendo testigo de cómo se conocen y se enamoran y como, después de un sinfín de problemas y hechos, es descrita hasta la vejez de estos.
A mi no me gustan demasiado esas novelas en que abarcan tantos y tantos años porque a veces es difícil ver la evolución propia de la edad de los personajes, pero El jardín de verano me ha cautivado.
Aunque me parecen un poco excesivas las páginas en que se nos describen a los hijos y nietos de Tatiana y Alexander, es bonito leerlo porque vemos como fue su vida a través de los ojos de estos. De todos modos prefiero cuando la novela se centra en ellos y quizá la diferencia esté en el modo en que está contada y desarrollada, en la ambientación y en los sentimientos en que la sustentan, pero la verdad es que al llegar a la última página me ha dado mucha pena cerrar el libro y despedirme de Tatiana y Alexander. ¡¡¡Qué bonita historia de amor!!!!