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Todos los libros de los que aquí hablamos han sido comprados y leídos en papel o ebook en español o en inglés. Este NO es un blog de descarga de libros. Las críticas y/o reseñas que aquí se pueden leer son opiniones personales, nada más, y no pretenden ser otra cosa. Reseñamos principalmente novelas románticas, pero también, de vez en cuando, damos nuestra opinión sobre novelas pertenecientes a otros géneros.



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sábado, 22 de julio de 2017

Un puente al amor, de Lavyrle Spencer

Desde mi humilde opinión, la sinopsis no se ajusta realmente al argumento de la novela. Yo diría más que bien que, Bess y Michael son dos personas que han estado casadas felizmente durante 16 años hasta que las discusiones -por razones de peso- han anidado en su vida cotidiana. Al final la situación se tuerce tanto, que la única opción es separarse. Los hijos están prácticamente criados y creen que ya no los necesitan. Pero la realidad es bien distinta. Mientras que Lisa hace borrón y cuenta -adaptándose a la nueva situación familiar- Randy cae en una espiral de autodestrucción. Bess y Michael luchan contra su dolor, entregándose ciegamente a sus respectivas carreras y continúan con su vida sin mirar atrás. Pero Randy está lleno de rebeldía y sólo con la aparición de Maryam -su ángel de la guardia- le llegará la conversión...

Un puente al amor, narra las penas y las alegrías de una familia media americana. Una familia rota que cuando están de buenas son adorables y tradicionales pero cuando están de malas, las recriminaciones salpican a todos sus miembros. Creo que el libro posee ciertas lagunas. He echado en falta más profundidad en las razones del divorcio. Está claro que cuando se produce una infidelidad es probable que una ruptura definitiva sea la consecuencia, pero me hubiera gustado que Darla fuera algo más que un nombre.

Otra pega que le he encontrado a la novela, es que la verdadera acción transcurre en apenas nueve meses. Y es en este tiempo, cuando se diluyen como por arte de magia las hostilidades que han mantenido enfrentados a la pareja protagonista durante seis años. Lo siento, pero no me resulta creíble que todo ese rencor acumulado simplemente se evapore. La excusa que ha utilizado la autora para pintarlo todo de color de rosa, es que por fin Bess se da cuenta de que no ha sido justa con Michael y éste no parece ser rencoroso. Es consciente de que su ex mujer ha estado azuzando a sus hijos en contra suya, durante años, pero cierra los ojos. Tanto Bess como Michael, pasan de un odio cerval a querer mantener las formas por el bien del próximo matrimonio de su hija. Algo muy loable, pero que está metido con calzador en el argumento. Esa fina línea entre un resquemor genuino, el nacimiento de una amistad y de nuevo, un fuerte amor, no consigo entenderla.

En cuanto a los personajes secundarios, son entrañables. El papel de la suegra de Bess -como consejera matrimonial- no tiene precio y Maryam, la dulce novia de Randy, me encanta. Tampoco puedo olvidarme de la pareja formada por Lisa y Mark, que son el auténtico motor de la unión entre Bess y Michael.

Una vez más, me resulta muy difícil puntuar un libro escrito por LaVyrle Spencer. Si Un puente al amor lo hubiera escrito otra persona, mi valoración sería 4,5/5 pero cómo esta escritora pone el listón tan alto valoro la novela con un 3,5/5.
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domingo, 9 de julio de 2017

La chica del pueblo, Lavyrle Spencer

CONTIENE SPOILERS

"Tess es una de las estrellas del country más famosas. Después de haberse alejado durante mucho tiempo de su pueblo natal Wintergreen, Tess McPhail debe regresar, muy a su pesar, para cuidar a su madre junto a su hermana. Los celos de su hermana y el caracter intratable de su madre le hacen más difícil todavía su estancia en el lugar.
Tess, siente que en Wintergreen no hay nada que la pueda retener allí después de dieciocho años de ausencia. Sin embargo, se dará cuenta que está equivocada cuando se encuentre con Kenny Kronek, vecino y compañero de escuela, y ahora un guapo divorciado..."

La chica del pueblo es un LaVyrle y como tal hay que reverenciarlo, pero no es ningún novelón. La señora Spencer es una apasionada de la música y quiso hacerle un homenaje, en la que sería su última novela. Para ello creó unos personajes que sintieran y supieran transmitir este gran amor. Incluso hizo un guiño con el título del libro, inventándose una canción llamada Una chica de pueblo que resume la vuelta de Tess a sus raíces.

Tess McPhail es una archiconocida cantante de country que regresa al pueblo que la vio nacer, Wintergreen -Missouri-. Van a operar a su madre de la cadera y ha sido elegida por sus hermanas, para cuidarla unas cuantas semanas. Kenny Kronek, es el vecino de enfrente, servicial hasta la médula y con un recuerdo agridulce de Tess. Ha estado enamorado de ella desde el inicio de los tiempos, pero siempre sufría más de una burla. Mil años después, Tess o Mac, como la llaman sus admiradores, se reencuentran en la apacible vida del vecindario. Kenny ya no es el primer admirador de Mac y además lleva ocho años saliendo con Faith. Su hija Cassey, es cantante aficionada y canta en el coro de la iglesia Metodista. Un coro del que se ha hecho cargo Kenny.

Así está el patio de enredado cuando Tess, ante la indiferencia de Kenny, empieza a sentir algo por él. Kenny parece un perro vagabundo, al que por fin le hacen caso. Nota un cambio en Tess pero tiene miedo de hacerse ilusiones y tampoco quiere hacer daño a Faith. Así que, se limita a agachar las orejas, se deja acariciar y cuando menos te lo esperas, da media vuelta y huye en dirección contraria. Por otra parte, está Cassey que adora a Tess y lo que representa. Tess ve muchas posibilidades en la voz de Cassey y está convencida de que la puede echar una mano en el mundo de la canción. Kenny como buen padre la deja marchar con Mac, pero la echa mucho de menos. Y no sólo a su hija, también a Tess con la que ya ha intercambiado un par de besos. A través de las llamadas telefónicas, Kenny siempre acaba hablando un par de minutos con Mac. Kenny no quiere expresar sus sentimientos pero su alma -que parece la de un osito grandote- acaba por derribar las defensas de Tess.

En cuanto a los personajes secundarios, Mary McPhail no es la persona de carácter intratable que describe la sinopsis. Es una señora mayor a la que la operan de la cadera y está acostumbrada a vivir sola. Físicamente está molesta por la operación en sí y moralmente, quiere que las cosas se hagan a su modo. El problema surge cuando otra persona se ocupa de su casa y de ella, y claro es normal que entre la edad y las molestias, ponga más de una pega. Manifiesta su descontento pero no está a grito limpio con su hija ni le pone malas caras. Lo que sí puedo reprocharle es que, como madre, permanezca impasible ante la actitud de su hija mayor. Judy, sí que es una persona difícil. Los celos la carcomen y siempre mantiene una pose estirada con Tess. No acepta los éxitos de su hermana y hace todo lo posible por fastidiar cualquier momento familiar bonito. Su no saber estar llega, hasta a abandonar el convite de la boda de su sobrina.

La mayoría de las novelas escritas por LaVyrle Spencer acaba ambientándose en Minnesota y alrededores. La chica del pueblo, tiene como protagonista a una estrella del country, así que, parece lógico que la trama se desarrolle entre Nasville (Tennessee) y un pueblecito de Missouri.

Si sois de las incondicionales de esta autora recomiendo que leáis este libro. Pero si sólo sentís curiosidad por el mundo LaVyrle y queréis iniciaros en él, mirad para otro lado porque esta historia os decepcionará.

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sábado, 10 de junio de 2017

Destino y deseo, de Lavyrle Spencer

Lisa Walker es una mujer que lucha por sacar adelante su vida, en un mundo de hombres. Honrada, trabajadora y muy independiente, tiene que soportar a un jefe de lo más rastrero. Cuando por azares del destino tropieza con Sam Brown, su mundo se pone patas arriba. Sam ve en Lisa, a una oponente muy competente y decide -laboralmente- llevarla a su terreno. Una cosa lleva a la otra y juntos acaban formando un buen tandem, en todos los aspectos. Lisa tiene mucho miedo a enamorarse de Sam y le oculta avergonzada, la espina que tiene clavada en su corazón...

Yo que siempre ando como loca buscando un libro de LaVyrle Spencer que no haya leído, creo que en ocasiones le echo demasiadas ganas. Quizá pongo el listón tan alto, que es normal llevarme algún chasco que otro. Eso sí siempre acabo reconociendo -me haya gustado o no la historia- que la novela está muy bien escrita y que su argumento es muy novedoso. Por ese algo tan especial que tienen todos los LaVyrle, acabo tropezando una y otra vez con la misma piedra y encima tan contenta.

Hecha ya la oportuna reflexión LaVyrleriana, entro en materia. Destino y deseo, es una pequeña novela que se lee en un suspiro. Una vez más, la señora Spencer ha logrado sorprenderme con una historia de amor que tiene como protagonistas, a dos personas normales y corrientes. No es una historia de amor, de las de rompe y rasga, pero no le hace falta.

Lisa, es un personaje fuerte por fuera pero muy blando por dentro. Lleva su pena -por verse privada de sus hijos- con mucha dignidad. Quiere entregarse sin miedo a Sam, pero vive atrapada en sus temores. Cree que no merece ser amada y Sam, se convierte en su ángel particular. Ese ten con ten, me encanta. En cuanto a Sam, es entrañable y luchador. Tiene muy claro que Lisa es para él y la ama, sin pedir nada a cambio.

En fin, un libro que se me ha hecho demasiado corto. Hubiera agradecido a la autora más tensión no resuelta y más protagonismo de los hijos de Lisa.

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domingo, 19 de marzo de 2017

Hacerse querer, de Lavyrle Spencer

PUEDE CONTENER SPOILERS

Anna de diecisiete años y James de trece, siempre han estado muy unidos. Provienen de Boston, de una vida mísera y sin expectativas. Sin padre conocido, su madre se dedica a la prostitución y presta poca importancia a los niños. Los considera un estorbo y cada vez que tiene un cliente, los dos hermanos tienen que salir a las calles de la ciudad a dejar pasar el tiempo. Cuando la madre muere, James y Anna están más desamparados que nunca. Por tanto, cuando James ve un anuncio en el periódico que dice: Se solicita una esposa de 25 años, que sepa cocinar y que no le sea ajena la vida en el campo, el cielo parece que se abre. El problema es que Anna no cumple con ninguno de los requisitos. Por no saber, no sabe ni leer ni escribir y es su hermano James, dirigido por Anna, el que empieza a cartearse con el desconocido. Anna no miente en su apariencia: Irlandesa de pelo cobrizo (o rubio del color del whisky como le gusta a Karl imaginar) y ojos marrones. Cuando llega el momento de dejar Boston, Karl -que no conoce la existencia de James- manda dinero para el pasaje de Anna. A la desesperada Anna, que no piensa dejar atrás a su hermano, acaba vendiéndose en una ocasión a uno de los "amigos" de su madre.

Sólo la gran maestra que es LaVyrle Spencer podía crear un personaje masculino como el protagonista de esta novela. Karl, que es todo entusiasmo y sabiduría, es un emigrante sueco rubio y grandote, que con veinticinco años y más solo que la una, está decidido a labrarse un porvenir en América. No hay arte que se le resista (bueno quizá la anchura de miras, pero en el siglo XIX en Minnesota, digamos que es lo que toca). Es leñador y además domina la carpintería, sus conocimientos sobre animales y plantas es de experto -pero sin jactarse- y tampoco se le resiste la cocina. Karl, hace bien todo lo que se propone pero no resulta Don Perfecto. Es una persona que actúa con naturalidad y acoge a Anna y a su hermano, como si fueran parte de su familia nada más conocerlos. Y eso que la primera impresión que recibe de la moral de Anna no es muy alentadora. Karl se encuentra que debe de mantener una boca más y que su matrimonio empieza con tres. A Karl, Anna le parece físicamente muy atractiva pero cuando empiezan las preguntas y se van descubriendo las mentiras se lleva más de un sofocón. Unas mentiras, que por otra parte, estaban más que justificadas porque la disyuntiva era mentir -y casarse con un colono- o morir de hambre.

Tras el período de adaptación, James encuentra un padre en Karl y Karl un hijo. No hay niño más dispuesto que James. Hace todo lo que puede por ser útil y obedece sin rechistar. Sabe ser discreto y quitarse de en medio cuando amenaza tormenta "entre los mayores". Le encuentro un personaje adorable, todo piernas y brazos, flacucho como como un junco, con su cara pecosa siempre sonriente buscando la aprobación de su hermana y cuñado. La gran LaVyrle debió encontrar la vida que llevaba tan solitaria, que con su varita mágica, casi al final del libro, le buscó una amiga. Mató de esta forma dos pájaros de un tiro, porque también colmó las ansias de Karl por tener vecinos (una gran familia de suecos, encantadores y habilidosos que contagian su alegría allá por donde van y que han llegado a establecerse en esta tierra). Aunque no todos están tan contentos con su llegada porque Anna, que no se lleva tan bien con su marido como quisiera, empieza a sentir celillos (y aquí me planto para que lo descubráis vosotras).

Anna hace lo imposible por adaptarse y eso que tiene muchas limitaciones. Tan pronto, quiere ponerse dos trenzas enrolladas sobre la cabeza para parecer una buena chica sueca como que está metida bajo la chimenea, de su casita de adobe, intentando cocinar algo que se pueda comer. Anna es un espíritu libre, que se siente mejor en el exterior ayudando con los troncos que tala Karl que con las tareas domésticas. Aun así es una chica muy dulce, que no quita, que le salga de vez en cuando ese temible temperamento que dicen que tienen los irlandeses. La última de las mentiras que descubre Karl, el tema de su virginidad, amenaza con arruinar su matrimonio. La antigua camaradería que disfrutaban se hace añicos y cuando deberían estar más juntos, están más separados. Su tristeza es palpable pero también lo es la de Karl. Y la verdad es que la he sentido tan cerca, que he acabado por zambullirme en su relación y casi podía oír los consejos que les hubiera dado si los tuviera delante.

La ambientación es una maravilla. Está claro que la señora Spencer lleva Minnesota en la sangre. Si a esto le unes, su talento como escritora, hueles la madera que corta Karl, los bollos que quema Anna, el pan recién hecho en el horno de barro o el oso que se aproxima a la casa del manantial.

En fin, yo me pregunto: ¿Qué tendrá esta escritora que empiezas a hacer un comentario sobre un libro y acabas escribiendo una crítica? Desde luego, es algo más que magia, es algo único. Hacerse querer me ha parecido un novelón y mi valoración es: Excelente

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jueves, 2 de marzo de 2017

Los dulces años, Lavyrle Spencer

Sabiendo como sabía desde hace tiempo que Lavyrle Spencer es una gran autora y, tras comporbarlo por mí misma leyendo "Dos veces amada", no podía haber empezado la lectura de "Los dulces años" con más ganas que con las que lo hice.

Y mis ansias no fueron en vano.

Desde el primer instante, la autora me contagió de la expectativa propia de las novatas en su primera toma de contacto con cada nuevo empleo. Hice míos los nervios de Linnea en el tren, esperando su parada y se me humedecieron las palmas de las manos al sumergirme en la imaginación de la protagonista intentando adivinar cómo sería el primer encuentro con el inspector de escuela. Me veía ahí, sentada en el tren, adormecida por el traqueteo del vagón, observando mis zapatos nuevos y sintiéndome segura por llevar un gran sombrero.

Me enfadé con Theodore por sus bruscos modales y yo también hubiera querdio decirle un par de cosas al respecto; sentí las rozaduras de las botas de piel en los pies, abracé a Nissa a través de los brazos de Linnea y creció mi antipatía primero y mi agradecimieto después hacia Isabelle. Deseé enfrentarme yo misma al ministro y su esposa y lloré por la pobre Frances...

No sé si por ser yo maestra también, como la heroína del libro, me he sentido más identificada aún con ella, ante la emoción contenida de oler, tocar, ver el primer aula de tu vida y los primeros alumnos que son puestos en tus manos. Quizá este hecho ha provocado que fuera más receptiva a la escritura de Lavyrle Spencer y menos objetiva a la hora de opinar. Sin embargo, estoy casi convencida, de que siendo los protagonistas de la trama una alta ejecutiva y un chef de moda, hubiera sentido la misma emoción.

Creo firmemente que esta autrora tiene una magia especial, hace un uso de la pluma más que acertado, posee un tacto descriptivo más allá de lo normal y un verbo divino para hacer al lector partícipe de la historia.

Es cierto que he sufrido la muerte de algunos personajes secundarios y el azote de la fiebre española casi en primera persona y, por ello, me enfadé sobremanera por conseguir que llorase tanto y que, tiempo después de haber cerrado el libro, aún siguiese echándolos de menos y recordando a los difuntos como si realmente los hubiera conocido en persona. Sin embargo, el hecho de entender que forman parte de la historia y aceptar que estos hechos eran nota común en la vida de principios del siglo XX, me ayudó a superar "mi pequeña pérdida".

Por estos detalles tan humanos, por saber introducir con magia y acierto desgracias en una historia romántica, sin convetirlo por eso en un drama o en una tragedia, es por lo que la autora tiene un lugar especial en mi corazón. Por escribir novelas tan hermosas, tan reales, tan cercanas, tan "esto le puede suceder a alguien de verdad", tan "qué bonita historia de amor real"... Lavyrle Spencer es tan, tan, tan....

Sin embargo, y me duele ponerle un "pero", me decepcióno profundamente el final de la historia. Esta es uno de las cosas en las que eché tremendamente de menos un epílogo; porque ¿qué pasó con Kristian y su novia? ¿Y con el otro chico que se fue a la guerra? ¿Volvieron? ¿Se casaron? ¿Se murieron en el tiempo en que tardó en llegar la noticia del fin de la guerra? Por supuesto para mí todos volvieron a casa, fueron felices y comieron perdices pero, como dice la autora por boca de Theodore : las cartas tardaban casi tres semanas en llegar y nunca se podía estar seguro de que en ese transcurso de tiempo Kristian hubiera muerto.

En fin, esta es mi única pega y por ello es por lo que no puedo ponerle un 11 a la novela, así que, sintiéndolo mucho, me veo en la obligación de puntuarla sólo con 10.

Creo que, hasta ahora, ninguna otra autora me ha conmovido tanto y tan profundamente como Lavyrle Spencer.

sábado, 7 de enero de 2017

Los dulces años, Lavyrle Spencer

Qué injusto empezar una crítica sabiendo que será imposible expresar todo lo que se ha sentido al leer el libro.

Linnea es una joven de dieciocho años que llega a El Alamo como la nueva profesora de escuela. Está emocionada por todo lo que le rodea, por estar recién titulada, por ser su primer empleo, y por independizarse de sus padres. Se alojará en casa de uno de los granjeros, lo que no imaginaba es que ese granjero casi la deja en la estación al descubrir que es una mujer. Theodore Westgaard es un granjero de treinta y cuatro años que vive con su madre y con su hijo de dieciséis años. La espontaneidad y comportamiento de Linnea le recordarán la juventud ya perdida, pero con sus malos modos solo consigue incitar y provocar más curiosidad en esa joven. Theo crió, con ayuda de su madre, Nissa, al hijo que tuvo con una joven que le abandonó para vivir en San Francisco. Kristian es un buen hijo al principio se sentirá atraído por la nueva maestra. Los enfados y enfrentamientos entre la joven maestra y Teddy son constantes y llenos de tensión. Pero la convivencia y momentos difíciles los unirán más de lo que ninguno se podría imaginar.

Los niños que componen la escuela, todos los Westgaard que habitan por la zona, y el párroco y su familia conforman los personajes de esta gran historia. En la escuela Linnea observará cómo los mayores ayudan y protegen a los pequeños, la diferencias entre la ciudad y la forma de vivir, de comer y de ayudarse en esas regiones remotas y duras para el hombre. La primavera es dulce y alegre, pero las tormentas de nieve y el trabajo diario que requieren los campos hacen que todo pueda desaparecer en un momento. Todo esto con la primera guerra mundial como telón de fondo.

Hay momentos y situaciones a lo largo de la novela muy emotivos, cómo Teddy se esfuerza por aprender a leer, cómo todos los Westgaard se unen para apoyarse y defenderse, pero también momentos muy tristes, esa ventisca que se llevó a uno de los personajes más queridos, y la epidemia de gripe española, tan cruel e inexorable como la propia vida. Si en un principio pensaba que la diferencia de edad era demasiado grande o que sería un obstáculo para los sentimientos de alguno de sus protagonistas la autora demuestra que no es verdad. Sí, la edad es una brecha que los separa, pero el amor va mucho más allá de esa diferencia de fechas.

Este año he descubierto a Lavyrle Spencer, aunque había oído hablar de ella, tenía ciertas reticencias a leer alguno de sus libros; qué tonta puedo llegar a ser. Esta autora es una gran narradora de historias. Con una ambientación rural, que podría ser tediosa pero que no lo es en ningún momento, ha tejido una gran historia de amor, con un grupo de personajes variopintos pero no por ello menos entrañables. La magia que envuelve a sus palabras ha conseguido lo que hacía mucho que no me pasaba, llorar con un libro, he sentido rabia por unas muertes tan injustas, pero también esperanza; esperanza por crecer junto a otra persona, por recuperar lo que se creía olvidado, y por no perder nunca la esperanza.

Una gran historia de amor en mayúsculas.

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miércoles, 8 de diciembre de 2010

La chica del pueblo de Lavyrle Spencer

Tess es una de las estrellas del country más famosas. Después de haberse alejado durante mucho tiempo de su pueblo natal Wintergreen, Tess McPhail debe regresar, muy a su pesar, para cuidar a su madre junto a su hermana. Los celos de su hermana y el caracter intratable de su madre le hacen más difícil todavía su estancia en el lugar.

Tess, siente que en Wintergreen no hay nada que la pueda retener allí después de dieciocho años de ausencia. Sin embargo, se dará cuenta que está equivocada cuando se encuentre con Kenny Kronek, vecino y compañero de escuela, y ahora un guapo divorciado...

El mayor deseo de Tess siempre fue ser cantante, así que al cumplir 18 años se fue en pos de su sueño… y lo logró. Hoy en día es una famosa estrella del country, aclamada y querida por un público que enloquece con su música, que compra todos sus discos y que han hecho de ella una mujer muy rica.
Sólo visita su humilde pueblo una vez al año, y a veces ni eso. Su madre y sus hermanas siguen viviendo allí… y también el chico que desde la escuela siempre ha estado enamorado de ella, y a quien ella jamás hizo el menor caso pues resultaba bastante patoso y anodino.

Su hermana mayor, quien siente unos enormes celos de ella, le ha impuesto que abandone todo para hacerse cargo de la segunda operación de cadera de su madre, alegando que jamás está en casa y que vive sólo y exclusivamente para ella.

Así que Tess se presenta en el pueblo para, por cuatro semanas, cuidar de su madre y asistir de paso a la boda de su sobrina.

Durante sus años lejos de los suyos, Tess no ha dejado de enviar dinero a su madre para que restaure su casa o, incluso, se compre una mejor. Sin embargo, su hogar sigue siendo el mismo que cuando vivía allí de niña. Su madre no quiere cambiar nada, pero sí acepta la ayuda de Kenny, su vecino de la casa de enfrente, que ya no es ni de lejos el niño ni el adolescente que Tess conoció.

Kenny es ahora un divorciado que vive con su hija adolescente quien sueña en convertirse algún día en cantante.

Los primeros encuentros entre Tess y Kenny son de una frialdad tremenda. Tess odia que su madre sólo acepte los cambios y las opiniones de Kenny, y Kenny considera a Tess una súper diva fría y distante que ha abandonado a los suyos y se ha olvidado de lo que fue y dónde nació.

Tengo que decir que esta no es una de las novelas de Lavyrle Spencer que me han erizado la piel. A diferencia de prácticamente todas las demás novelas que he leído de la autora, ésta me ha parecido muy simple y sencilla (dentro de lo poco simple y sencilla que son las historias de esta escritora). La novela es muy corta y se entretiene mucho en explicaciones de cómo son los conciertos o los estudios de grabación. Desde luego, también analiza los sentimientos de todos, algo que a Lavyrle se le da de maravilla, por cierto.

Con las pocas páginas que tiene el libro, la historia romántica no da para mucho, más bien es un puzle deshecho donde la autora va colocando poco a poco, todas las piezas que son los sentimientos de unos personajes que se conocen desde hace años: los malentendidos, los rencores, las medias palabras, las cosas no dichas… hasta encajar todas para llegar al final feliz.

Me ha gustado, como todos los libros de Lavyrle Spencer, pero no es una gran novela.


domingo, 28 de febrero de 2010

Dulces recuerdos de Lavyrle Spencer


Theresa Brubaker es una joven de veinticinco años que sufre un gran complejo a causa de sus senos, desproporcionadamente grandes para una figura como la suya, su cabello pelirrojo y las pecas que cubren su cuerpo. Está acostumbrada a que los hombres no la miren jamás a los ojos, sino al pecho, con lo que se viste con camisas abotonadas hasta el cuello bajo chaquetas o jersey, hunde los hombros o se esconde cada vez que puede detrás de su violín. En definitiva, es una joven terriblemente acomplejada.

Con motivo de las vacaciones navideñas, Jeff, su hermano menor, que se encuentra realizando el Servicio militar, regresa a Minneapolis a pasar unos días, pero no lo hace solo, sino acompañado de su compañero y amigo Brian Scanlon. Desde el primer encuentro entre ambos, en el aeropuerto, Brian se muestre amable y considerado con Theresa. Y, para sorpresa de ésta, ni entonces ni más tarde es capaz de sorprenderlo estudiando sus pechos como le sucede siempre ante un hombre desconocido.
La realidad es que Brian conoce por Jeff los complejos que sufre Theresa y trata de ser respetuoso y cariñoso con ella para evitar incomodarla. Además, desde su llegada a Minneapolis,se percata que Jeff trata de propiciar un acercamiento entre su hermana y él, algo que no desagrada en absoluto a Brian, pues se siente muy atraído por la joven.

Poco a poco, va ganándose la confianza de Theresa y entre ellos nace un sentimiento muy especial. Pero acabadas las vacaciones, Brian y Jeff regresan al cuartel y la separación es irremediable. Y desde ese momento, Brian y Theresa comienzan una relación a través de cartas pero acuerdan que, al cabo de seis meses, acabado el Servicio militar de los jóvenes, se reencontrarán en Minneapolis para continuar su relación. Algo que emociona y asusta a partes iguales a Theresa.
A pesar del poco tiempo que han pasado juntos, tanto Brian como Theresa no tardan en reconocer que se han enamorado. Pero los complejos de Theresa son un difícil escollo entre ellos. Y, mientras Brian, finaliza su adiestramiento militar, Theresa se plantea una decisión drástica que puede cambiar su vida para siempre y, tal vez, su futuro con Brian.

Dulces recuerdos es una historia de confianza, aceptación y valor, pero también esconde mucho dolor y complejos, y es una historia de amor, respeto y valores familiares. El papel de la familia está muy presente en toda la novela, es uno de los puntales sobre los que se sustenta, algo que encontramos con frecuencia en los libros de Lavyrle Spencer.
La historia de amor de Theresa y Brian me ha parecido preciosa, pues nos cuenta cómo una mujer que odia su cuerpo debe vencer el mayor de sus miedos por amor y cómo un hombre, con su paciencia, dulzura y confianza debe ganársela y ayudarla a vencerlos.
A pesar de ser una novela que no es muy extensa, creo que describe maravillosamente las fases por las que pasa la pareja protagonista. Cómo poco a poco se van sintiendo atraídos el uno por el otro, cómo a pesar de las dudas y miedos lo reconocen, cómo comienzan a conocerse a través de sus cartas.
Creo que es una historia muy humana, que logra conmover fácilmente porque sus protagonistas son personas muy cercanas y corrientes, por las que es fácil sentir empatía.

Me ha sorprendido mucho la evolución de Theresa. Al comienzo de la novela es una joven que ha renunciado al amor, a la ropa bonita, a bailar... a tantas cosas que damos por sentadas en la vida que no nos percatamos qué sucede cuando no es así para otras personas. Al leerlo y ver cómo su problema ha imposibilitado a Theresas -además de sus complejos- llevar una vida normal y corriente para una joven de veinticinco años, te das cuenta del sufrimiento que conlleva. Todo ello le lleva a plantearse una decisión difícil, que despierta muchas dudas y miedos.
El personaje de Brian me ha parecido sencillamente encantador. Me ha sorprendido mucho, pues es un hombre muy joven pero de gran madurez y sensibilidad.

Como comento antes, en Dulces recuerdos reina ese ambiente familiar tan propio de las novelas de Lavyrle Spencer, con lo que Jeff y Amy, los hermanos de Theresa, junto a Margaret y Willard, los padres, son personajes con gran peso en la trama. Con frecuencia los vínculos entre ellos y sus sentimientos quedan patentes en la rutina del día a día, gestos, conversaciones...
Me ha parecido especialmente bonita la relación de Theresa con Amy, una adolescente de catorce años que actúa en ocasiones como la hermana mayor.

Otro aspecto muy característico del libro es la música. Jeff y Brian forman parte de un grupo musical y una vez acabado el Servicio militar quieren forman una banda en Minneapolis. Theresa por su parte es profesora infantil de música y toca el violín. Así que con frecuencia en la novela encontramos pinceladas musicales, melodías que se repiten hasta casi parecer que las oyes en tus oído, letras de canciones que describen el alma de los personajes...

En definitiva, Dulces recuerdos es una novela de Lavyrle Spencer, con lo que eso conlleva. Sin embargo, al ser más corta, la historia se centra mucho más en los personajes, la ambientación aunque es excelente -con ese toque que le imprime esta autora- es menos descriptiva a lo que estamos acostumbradas de otras novelas como Los dulces años o Juegos de azar.
Es una lectura amena y muy tierna que, al menos a mí, me ha dejado con una opresión en pecho en ocasiones, en otras me ha hecho reír y, sin duda ninguna, pasar un muy buen rato. Creo que es una novela romántica que transmite mucho más que una historia de amor, habla de valores como el respeto y la confianza, de complejos y riesgos.
En mi opinión es una novela preciosa, sencilla y muy humana que sin demasiadas pretensiones, te deja con una sonrisa en los labios.



jueves, 23 de abril de 2009

Otoño en el corazón de Lavyrle Spencer


Enmarcada en la sociedad restrictiva e hipócrita de 1895 se teje Otoño en el corazón, una historia de amor inolvidable, sencilla y humana como pocas, que se ambienta en la lucha de una pareja por consolidar su amor, y cuyo principal escollo a superar es la diferencia de clases.
Hay temas o situaciones que aunque has leído muchas veces, de pronto descubres una novela que logra que sientas que es algo totalmente nuevo, casi cómo si lo leyeras por primera vez, cómo si nunca antes una trama similar hubiera pasado por tus manos. Y logra además conmoverte de un modo inolvidable.
Esto es lo que me ha sucedido con Otoño en el corazón de Lavyrle Spencer. Una autora que pese a su extensa bibliografía no había tenido oportunidad de leer, además con mucha reticencia por mi parte, y que ha sido un gran descubrimiento para mí.

Gideon Barnett es el cabeza de familia Barnett. Es un hombre cuya principal inquietud es conservar y hacer alarde de su privilegiada situación social. Pero, como todos, de vez en cuanto algo empaña su apacible existencia. En el verano de 1895 es alzarse victorioso en el Club de Yates de White Bear, del que es socio, ya que frustrado ve como un año más la victoria se le escapa de entre los dedos.
Levinia Barnett, su perfecta e ideal esposa, es un simple objeto decorativo cuya misión en la vida ya ha sido cumplida: casada con un hombre socialmente bien situado, hizo un buen matrimonio donde el amor no tiene cabida necesariamente y dio a luz a cuatro hijos: tres chicas y un chico.

Lorna Barnett es la mayor de esta acomodada familia de Minnesota y como su madre hizo en su día se espera de ella que, a la edad de dieciocho años, haga un buen matrimonio. Pretendientes no le faltan, especialmente Taylor Du Val, un joven de buena familia que un día heredará el imperio de su padre y que desde un tiempo atrás muestra un serio interés en la joven. Algo que hace que toda la familia esté a la expectativa del tan esperado compromiso matrimonial.
No obstante, en lo que parecía ser una vida perfectamente diseñada para Lorna, aparece Jens Harken que simplemente logra con su presencia desbaratarla.

Jens es un joven inmigrante noruego que trabaja como ayudante de cocina en Rose Point Cottage, la elegantísima casa junto al lago de la familia Barnett. Es allí donde conoce a la hermosa Lorna y donde nace la historia de amor de ambos.

Aunque de origen humilde, Jens sueña con labrarse un futuro brillante. Descendiente de una estirpe de emprendedores noruegos quiere hacerse un nombre como constructor de barcos y alcanzar el sueño que un día compartió con su padre y hermano. Tiene en mente un proyecto, la construcción de un barco que puede revolucionar el diseño actual de estos. Pero para dar forma a éste necesita de alguien que confíe en él y le de la oportunidad de construirlo, mostrando así su capacidad como constructor naval.

Lorna se siente inmediatamente atraída por el rubio noruego, por los sueños que persigue y el tesón que muestra en todo momento. Así, se empeña en que su padre le de al joven una oportunidad para demostrar su valía construyendo ese barco.
Mientras se diseña y confecciona dicho barco, Lorna se acerca de Jens para ser testigo de esa creación, y así día a día los jóvenes van enamorándose el uno del otro irremediablemente. A escondidas, comienza lo que es a todas luces una relación clandestina, mientras los corazones de los enamorados son los únicos testigos del alcance de sus sentimientos y hasta donde están dispuestos a llegar. Ambos son conscientes de que, provenientes de clases tan separadas, en una sociedad tan hipócrita como la que viven, su amor no tiene cabida.
O… hasta que sucede algo que Lorna y Jens consideran cambiará la opinión de los Barnett, aceptando al joven noruego en su familia…

Sin embargo, para lograr su sueño deberán enfrentar muchos obstáculos: la oposición de una familia, de una sociedad, las rígidas normas sociales, los miedos y dudas de los propios jóvenes…

Otoño en el corazón es la primera novela que he tenido oportunidad de leer de esta autora, Lavyrle Spencer. Sinceramente debo confesar que no pensaba encontrar en sus páginas una trama tan profunda, romántica, sólida y bien hilvanada. Es una historia deliciosa, suave, sencilla a la que la autora da vida a través de unos personajes humanos, reales y cercanos.
Al margen de la forma en que se desenvuelven los hechos de principio a fin, lo que ha logrado mantener mi interés totalmente, son sus protagonistas, Lorna y Jens, y cómo se describen sus sentimientos. Los compartes con ellos, los vives, son casi los tuyos…

Lorna es una joven que aun perteneciendo a un familia acomodada y teniendo todo cuanto desee al alcance de la mano, descubre que lo único que ni el dinero de los Barnett ni la influencia de estos en la sociedad puede darle es la oportunidad de vivir su amor por Jens ante los ojos de todos.
La manera en que la autora describe y ambienta la novela, puedes sentirte inmersa en la mentalidad de esa época, vives sentir casi en tu propia persona lo que significa esa distinción de clases: el rechazo a quien se considera inferior o no pertenece a la alta alcurnia, el estigma de una joven que rompe con lo que se espera de ella…
Jens es un joven ambicioso, leal y trabajador. Aunque sabe que no tiene cabida en el mundo de los Barnett, aunque sabe que de salir a la luz su romance con la hija de su jefe sus sueños pueden destrozarse, no es capaz de vencer la tentación.

Alrededor de ambos jóvenes se respira la incomprensión, la hipocresía y la crueldad de una sociedad rígida, movida por reglas y costumbres encorsetadas, donde impera el qué dirán a lo que dice el corazón de uno mismo.
Sin dejar de lado esa parte de la naturaleza de toda persona en que batallan el corazón y la mente, cuando no sabes por cuál guiarte con lo que nacen las dudas, el miedo y los errores.

Poco más puedo añadir ante una novela que me ha cautivado profundamente, de hecho como hacía tiempo ninguna otra conseguía. Poco añadir sobre una autora en la que, aun no siendo muy conocida pese a su amplia bibliografía, he descubierto una gran sensibilidad.

Hay novelas que sin duda marcan. Otoño en el corazón es una de ellas, al menos a mí, porque con su sencillez ha logrado envolverme en una novela de amor preciosa, donde los sentimientos se respiran, se palpan…
Es una novela romántica que te demuestra que todas las novelas románticas no son iguales, que te enseña cómo solo con personajes humanos y cercanos, una ambientación bien lograda y el don de una pluma como la de esta autora, se crea una historia diferente. Inolvidable.


miércoles, 22 de abril de 2009

Hummingbird de Lavyrle Spencer


Durante los últimos doce años, la vida de Abigail McKenzie se ha centrado en el cuidado de su padre enfermo. Tras la muerte de éste, queda en una situación económica nada halagüeña, con lo que necesita encontrar un trabajo cuanto antes. Con este objetivo en mente, la remilgada y siempre correcta señorita Mckenzie piensa en la única opción que se le presenta que es la de trabajar en el humilde restaurante de Culpepper.
Sin embargo cuando se acerca al pueblo para solicitar el empleo se entera que se ha producido un intento de robo en el tren, a consecuencia del que dos hombres han resultado heridos: uno no corre peligro pero el otro está herido de gravedad.

Dado que la enfermera que ayuda al doctor de Stuart's Junction, Dougherty, no se encuentra en la ciudad, éste busca entre sus vecinos un voluntario al que la empresa de ferrocarriles recompensará por su trabajo. El problema radica en que nadie quiere hacerse cargo del ladrón, con lo que Abigail no duda en ofrecerse. Después de todo tiene experiencia en cuidar enfermos, el trabajo no puede ser peor que servir mesas y el dinero que le paguen también será mayor. Ése es su mayor aliciente.
Así que para la consternación de todos, la solterona de Stuart's Junction, la señoria Mckenzie, mete en su casa a dos hombres heridos, uno de ellos un peligroso delincuente.

Mientras que David Melcher, el joven que resultó herido tratando de evitar el robo al tren, es un hombre encantador, atento, educado y respetuoso, Jesse Dufrayne es todo lo contrario. Tras luchar denodadamente por arrancarlo de las garras de la muerte, Abbie se encuentra ante un hombre hosco, grosero, malhumorado y desagradecido que no sólo no valora el gran esfuerzo que ha hecho por salvarle la vida, sino que se permite criticarla en todo. La animadversión no tarda en saltar entre ambos.
Sin embargo, en David descubre la que considera es la última oportunidad para enamorarse y formar una pareja que le queda en la vida. A la edad de treinta y tres años, la señorita Abigail Mckenzie es consciente que pocas oportunidades le restan. En realidad ha renunciado a casarse cuando trece años atrás se hizo cargo, como se esperaba de una dama bien educada, de su padre. Su prometido por aquel entonces la abandonó a apenas unas semanas del enlace.

Pero en David encuentra un igual a ella, alguien con sus mismos valores morales, compasión, educación y afinidad. No obstante, a causa de su otro paciente, Jesse, David abandona la casa acabando con las frágiles esperanzas de Abigail.
A partir de eso momento la convivencia con Jesse Dufrayne se vuelve más complicada. Pero, para la sorpresa de ambos, tras la antipatía mutua, nace una atracción para la que ninguno de los dos está preparado.
Abigail sabe que en Jesse no encontrará nunca una propuesta de matrimonio, tampoco la espera, pero ¿qué otra clase de relación puede haber entre ellos?
Jesse por su parte se muestra como un auténtico misterio para Abigail, quien lo sorprende más cada día que pasa, quien siempre está dispuesta a creer lo peor de él, a pesar que éste intenta hacerle ver que no es lo que piensa. Pero aún y la atracción y los sentimientos que Abigail despierta en él, Jesse sabe que son tan opuestos como el día y la noche, viven en mundos diferentes, quieren cosas de diferentes de la vida. Entonces... ¿por qué la idea de que verla junto a David Melcher lo enfurece tanto?

Hummingbird de Lavyrle Spencer ha sido una gran sorpresa para mí, ya que me ha parecido una novela un tanto diferente de las anteriores que he leído de esta autora. La manera de desarrolla la trama e ir presentando a los personajes me ha sido de sobra conocida, pero no así el carácter de esta historia. En Hummingbird he descubierto tanto una historia cargada de sensibilidad, dilemas morales, dudas y amor, como un toque desenfadado en algunas ocasiones.
Parte de la historia está impregnada de soledad, de tristeza, más cuando nos describe el pasado de Abigail, cuando eres testigo de su vida, de sus sueños rotos y del triste futuro que cree le aguarda, pero la relación entre ella y Jesse está repleta de tiras y afloja, de enfrentamientos, duelos verbales y en ocasiones me he descubierto con una sonrisa en los labios. Razón por la que no me ha parecido una novela con una carga dramática tan pronunciada como otras.

En mi opinión la riqueza de esta historia reside en la personalidad de sus protagonistas.
Abigail es a primera vista una joven extremadamente severa y remilgada, hasta el punto que nunca ha sido parte de Stuart's Junction. Sus vecinos la ven distante, altanera, aunque en realidad enseguida te percatas que no es así, sino que se esconde tras una rigurosa educación moral y que levanta un muro que no sabe destruir.
David es amable, respetuoso, casi encantador diría y a primera vista parece el hombre idóneo para Abigail.
Jesse en cambio es tosco, grosero, autoritario y le resulta amenazador pero le da la llave para liberarse de su prisión.
David es el hombre perfecto para ella pero... ¿acaso eso es lo mejor?

Para mí uno de los puntos más importantes de la novela es el momento en que Abigail empieza a rebelarse contra sus principios, contra las convenciones, cuando se ha resignado a ser una solterona porque siente que se abre ante ella un camino y una oportunidad de vivir. Creo que al margen de la historia de amor de la protagonista, de sus dudas con respecto a David y Jesse, es la evolución de este personaje uno de los momentos más esperados e importantes.
De la historia de amor en sí, no quisiera desvelar nada, creo que es más bonito y más interesante descubrirla con la lectura, pero evidentemente Abigail se siente dividida entre los dos, aunque son las circunstancias que los rodean y las propias dudas de los protagonistas los que se alzan como obstáculos.
Como pasa en estos casos, creo que siempre es bastante evidente cuál será el resultado de sus dudas, cómo acabará la cosa... pero para mí es ver a Abigail renacer, ir conociendo cómo son en realidad tanto Daniel como Jesse los pilares de la historia de amor.

Como es habitual en esta autora, la narración está llena de matices, de sentimientos, desgranándote página a página lo que esconden los diferentes personajes, esbozándonos Stuart's Junction y sus habitantes, desde Abigail, pasando por el doctor Dougherty hasta el silencioso Bones, un personaje que a mí me ha atraído especialmente por algunos detalles.
Creo que Hummingbird no es otra cosa que la historia de dos almas que se buscan sin saberlo, es la historia de un amor inesperado e inoportuno, lo que no lo hace menos intenso y valioso, conducido por la conmovedora pluma de Lavyrle Spencer consigue, al menos a mí, conmoverme y hasta soltar alguna lagrimilla, hacerme reír y acabar la lectura con la sonrisa que te dejan esas novelas que te han calado hondo. Para mí es sin duda una novela preciosa que, como digo antes, me ha sorprendido por el tono divertido de algunas escenas.


lunes, 20 de abril de 2009

Juegos de azar de Lavyrle Spencer




Agatha Downing es una joven sombrerera cuya vida no puede describirse de otro modo que solitaria. Desde muy niña quedó coja a consecuencia de una caída por las escaleras. En la actualidad no le queda ningún familiar vivo; su existencia es gris y vacía.

Regenta una pequeña sombrerería en Kansas y vive en un apartamento, situado encima de ésta. Desde su humilde tienda ha visto pasar la vida sin lograr ninguno de sus sueños y, aunque aún es joven, se siente una anciana atrapada en un cuerpo joven pero lisiado.

Cuando Scott Gandy compra la sala de juegos que colinda con su sombrerería, siente una inmediata animadversión hacia el hombre. Agatha odia el juego, el alcohol… los ve perniciosos para los hombres, tentándoles hacia la mala vida y cómo una fuente de desgracias y sufrimiento. Scott representa todo lo que aborrece por razones que no quiere desvelar ni compartir con nadie.

Casi sin percatarse se une a un grupo de mujeres que luchan porque Kansas sea declarado estado seco, aboliendo la venta de alcohol. Desde ese momento se declara una guerra entre el atractivo e irreverente Scott Gandy y la tímida y remilgada Agatha Downing.

No obstante, poco a poco va conociendo a su vecino y percatándose que es un hombre de contradicciones, o al menos no tan terrible como en un principio pensaba de él. Scott Gandy nació y se crió en el Sur, pero tras la guerra civil perdió a su familia. Incapaz de soportar la vida en su devastada plantación, se decantó por vivir despreocupadamente, sin ataduras ni responsabilidades. El juego se convirtió en su forma de vida y a lo largo de los años conoció a un grupo de personas con las que ha llegado a formar una familia adoptiva: exprostitutas, antiguos esclavos, un músico mudo…

A medida que va tratando con ellos, Agatha empieza a encariñarse y considerarlos sus amigos, y a notar cómo su presencia y su cercanía va acabando con su soledad; a la vez va tomando consciencia de que siente algo por Gandy que no logra controlar.
Cree que él nunca verá más allá de su aspecto remilgado y anodino, no será capaz de ver la mujer que se esconde debajo de sus ropas almidonadas y elegantes y pulcros vestidos. Sin olvidar que ambos batallan en bandos opuestos: para Scott Gandy el alcohol es una forma de vida, para Agatha la causa de su soledad.

La aparición de Willy, un pequeño huérfano, propicia que una relación casi familiar se establezca entre los tres. Ambos adultos se encariñan por el niño y velan por su bienestar. El roce del día a día despierta en ellos la certeza de que ninguno se corresponde con la primera imagen que se forjaron el uno del otro, y la sensación de que algo inesperado los une más allá del cariño hacia ese huérfano.

Enmarcado bajo la implantación de la Ley Seca, Juegos de azar es una novela de inconfundible tinte humano y social. Aborda no sólo una historia de amor, maravillosamente entrelazada con el resto de subtramas, sino una novela de inconfundible cariz social.

Ésta es la tercera novela que leo de esta autora, y si bien las anteriores me encantaron (no puede decir menos que eso) con Juegos de Azar no he podido dejar de constatar que Lavyrle Spencer es una narradora inigualable. Logra conjugar en las páginas de un libro infinidad de sentimientos y realidades, logra enlazar de un modo indescriptible la vida de los personajes que aparecen, como los hilos de un tapiz, que vas distinguiendo según lees.
No encuentro otro modo de describir la escritura de esta autora.

Indudablemente Juegos de azar es una novela que aborda una realidad histórica, y la autora logra retratarla magistralmente a través de los ojos de Scott y Agatha, situándolos en bandos opuestos, con sus convicciones y dudas, con virtudes y defectos.

Aunque había leído muchos comentarios positivos sobre este libro nunca me había atraído demasiado, tenía la concepción preconcebida de que me encontraría con una novela dramática y lacrimógena, la verdad es que es algo que he pensado durante mucho tiempo de los de esta autora. Pero he descubierto una historia sencillamente preciosa, humana y muy cercana, que si bien es cierto que tiene un trasfondo dramático, eso no lo hace menos romántica ni humana. Está muy equilibrado dando como resultado una novela que destila sensibilidad. Me he encontrado muchas veces con un nudo en la garganta a medida que leía, casi diría que sintiendo lo misma soledad de Agatha.

La ambientación me ha parecido minuciosamente descrita, tanto en los capítulos que transcurren en Kansas como los que tienen lugar en Misisipipi. Logras visualizar las calles, la triste y solitaria sombrerería, la bulliciosa sala de juego… ver la plantación de Waverley florecer y volver a la vida, los campos, casi oler las flores.
Ésta es una habilidad de esta autora que no deja de maravillarme, como transmite las emociones a través de cualquier detalle, no sólo las palabras utilizadas en los diálogos, sino los gestos, las miradas entre los personajes, la relación de estos con los lugares en que tiene lugar la acción. Es casi como si hablaran a través de ellos.

En cuanto a los personajes, todos, absolutamente todos, me han parecido reales y creíbles, como si se tratara de personas conocidas, cuyas historias pudieras constatar.
La relación entre Scott y Agatha, si bien en ocasiones me ha parecido un poco lenta, en el sentido de que sus silencios y la negación de sus sentimientos me exasperaban, es preciosa. Pero esa excesiva prudencia, esa lentitud en reconocer sus sentimientos también la dota de esa incertidumbre que te mantiene en vilo página tras página. La historia entre ellos me ha emocionado muchísimo. La evolución de sus sentimientos, la madurez con que los afrontan, el miedo con que los rechazan o el momento en que se reconocen a sí mismos la existencia de ellos, puedes señalarlos con nitidez por el modo en que quedan reflejados en las palabras.

El resto de historias secundarias me han gustado, aunque no tanto como la principal, pero es que ésta la encuentro muy difícil de eclipsar.

Al margen de Agatha y Scott, tengo que destacar el personaje de Willy porque confiere a la novela de mayor ternura si cabe. Los vínculos que van naciendo entre él y Agatha y Scott son conmovedores.
Creo que es un mérito muy grande lograr transmitir sentimientos como los que este niño despierta, dulzura, compasión, risa… sin resultar empalagosa. Pienso que están descritos en su justa medida, y esto es algo que no pensaba encontrar antes de leer la novela, razón por la que me ha costado tanto decidirme a leerla.

No me enrollo más, sólo añadir que en mi opinión Juegos de azar es una de ésas novelas para la que no parece pasar el tiempo. Merece leerla.







viernes, 17 de abril de 2009

Y el cielo los bendijo de Lavyrle Spencer


La familia Olezak, Eddie, su mujer Krystina y sus dos hijas pequeñas tienen una vida perfecta en Browerville (Minnesota) un pueblo de emigrantes polacos profundamente católico. Eddie trabaja como conserje en un convento benedictino en el que estudian las niñas. Todo se desmorona cuando Krystyna muere en un terrible accidente. Sus parientes y vecinos se afanan en ayudarles a salir adelante, pero Eddie sólo encuentra consuelo en la hermana Regina.

La hermana Regina, Jane, decidió hacerse monja ya a los 11 años empujada por su abuela, acaba de cumplir los 30 y hasta hace un tiempo ha sido feliz. Pero se ha dado cuenta de que ésa no es su verdadera vocación y lucha contra ello. La muerte de Krystyna es el desencadenante. Los votos de la congregación le impiden el contacto físico y personal con los legos, pero ella necesita abrazar a esas niñas que se han quedado sin madre y la cercanía de Eddie es una tortura porque poco a poco se va enamorando de él.

La hermana Regina, otra vez Jane, sale del convento con su maletita de cartón, vestida con una blusa comprada, una falda demasiado pequeña confeccionada por su madre, calcetines blancos y los zapatos de monja. Eddy la visita en la granja de sus padres y ella está recogiendo judías verdes con un paño de cocina enrollado en la cabeza y las botas de su padre. Detalles pueblerinos que te llenan de ternura.

Como sólo esta autora sabe plasmar, el amor va creciendo dulcemente, profundo y sin exaltación.

Lavyrle Spencer, originaria de este pueblo, volvió a él para escribir esta novela. No pone fechas por ninguna parte, pero debe estar ambientada en los años 60. Todo gira en torno a la religiosidad y la familia. Lógicamente, el libro es un poco gazmoño y está bastante anticuado, refleja perfectamente el mundo en el que hemos vivido las que tenemos unos añitos.

No quiero ni pensar lo que algunas podrían opinar sobre esas reglas que imponía el catolicismo en aquel momento, sobre todo en un convento católico y polaco. Forman parte de la historia y creo que hay que respetarlas. Lavyrle Spencer, en una reseña al final del libro dice: “Viví rodeada de una familia amorosa, en un pueblo pequeño y seguro; estudié en una escuela parroquial e iba a la iglesia, lo que me hizo comenzar en la vida con el pie derecho” Personalmente creo que tiene razón.

Es una novelita corta pero muy agradable.

Siguiendo el ejemplo de Irdala, cuando comentaba El lobo y la paloma, hay una frase que me ha llamado la atención en este libro y que voy a copiar. La pareja está preocupada cuando deciden casarse, ya que no hace ni un año que Eddie se ha quedado viudo y la hermana Regina lleva sólo 2 meses fuera del convento.

Nuesra fuerza, Eddie, reside en nuestra verdad, y nuestra verdad volverá impotente la calumnia.


Promesas de Lavyrle Spencer



Tom Jeffcoat es un joven emprendedor que, como tantos colonos, se traslada a una pequeña región del oeste americano, Sheridan, en Wyoming, portando con él sólo un puñado de sueños, unos brazos fuertes para el trabajo y un par de caballos. Su sueño es establecerse como herrero, al igual que lo fueron su padre y abuelo, y a la vez construir un establo donde acoger caballos.
Se dice de Sheridan que es la tierra perfecta para jóvenes que, cómo él, están ávidos por construirse un porvenir.

A su llegada, a una de las primeras personas que conoce es a la joven Emily Walcott, la hija del que se convertirá en su rival al ser propietario del único establo hasta la fecha en Sheridan.
En un primer momento la confunde con un muchacho, por la apariencia con que ésta se viste. Emily, ofendida, siente una inmediata animadversión hacia ese forastero arrogante y entrometido que, además de confundirla con un joven, se permite darle clases de cómo cuidar a un caballo.

Emily es una joven voluntariosa, una hija devota de sus padres, que con dieciocho años tiene muy clara qué clase de vida es la que desea: estudiar medicina veterinaria y ejercer como tal en Sheridan. El matrimonio y los hijos aún no forman de sus pensamientos recientes, pese a que está prácticamente comprometida con Charles, un joven carpintero al que conoce desde la infancia.

Pese a que éste la ha pedido en matrimonio, en repetidas ocasiones, la joven siempre ha argumentado que aún no está preparada para dar ese paso, pero en el fondo no cree que los sentimientos que Charles le inspira sean suficientemente intensos para jurarle amor eterno.
Mientras continua sus estudios de veterinaria, ayuda a su padre en el trabajo del establo y cuida de la casa, de su hermano menor y de su madre, gravemente enferma. Aun y todo tiene que soportar a ese Tom Jeffcoat, quien no deja de incordiarla y que, por la forma que tiene la joven de vestir y actuar, acaba apodándola marimacho.

Tom no entiende sus propias reacciones hacia la joven Walcott, sobre todo después de que finalmente se compromete con Charles en matrimonio y él mismo empieza a frecuentar a Tarsy, una amiga de Emily. Así los cuatro: Emily, Charles, Tom y Tarsy se hacen inseparables y estrechan aún más su amistad, sobre todo los dos hombres.
Sin embargo, aunque no dejan de pelear por todo, Tom y Emily empiezan a descubrir que algo los une, algo más que el amor a los caballos y una animadversión mutua, hasta que sucede lo irremediable: se enamoran.
¿Cómo afrontar la magnitud de sus sentimientos sin ceder a los deseos de sus corazones y a herir a Charles, a quien ambos profesan un gran cariño?

Si hay una novela que por su simplicidad y profundidad ha logrado conmoverme ha sido Promesas. No sólo por el amor entre Tom y Emily, dulce e inolvidable como pocos, sino por las subtramas que confluyen con este hilo principal, creando historias secundarias que, a su vez, se enlazan con la principal.
Entre todos los personajes existe un nexo, un vínculo que los une, ya sea amistad, parentesco o amor. Incluso llegas a conocer, a lo largo de las páginas de esta novela, a los habitantes de Sheridan: el doctor Steele, el sacerdote, el dueño de la taberna, Loucks… Lavyrle Spencer los describe con tal nitidez, no sólo físicamente sino su carácter, sus pensamientos, sus motivaciones y miedos, que es fácil sentirse parte de esa población.
Describe los sentimientos de Tom y Emily de un modo tan desbordante que es inevitable sentir empatía hacia ellos. Sientes la dualidad de sus emociones hacia Charles, el cosquilleo de nerviosismo que ellos sienten ante el temor de ser descubiertos.

En pocas palabras, eres testigo de cómo se enamoran. Es imposible no percatarse del momento exacto en que sucede. Es fácil apreciarlo porque sientes sus emociones, aun antes de que ellos mismos les den voz.
Para mí es uno de los puntos más difíciles de lograr por parte de una escritora. Hay libros que cuentan bonitas historias de amor, pero no puedes intuir ni saber cuándo ni cómo se han enamorado porque los sentimientos son muy confusos o la autora no logra transmitirlos con nitidez. No es el caso de Promesas.

Si presenciar cómo nace el amor entre Emily y Tom es conmovedor, no lo es menos vislumbrar cómo nace y se fortalece la amistad sincera entre Tom y Charles.
Promesas habla de promesas, las que se convierten una carga y las que son ligeras, las que unen a los amantes y las que unen las convenciones sociales, las de los enamorados y las de los amigos.
Por ello es una novela que conmueve, por la multitud de facetas que vislumbras. Vemos las luces y las sombras de sus personajes, su lucha entre la razón y el corazón.

Al margen de la historia principal, existe otra historia de amor, el amor de juventud entre Edwin y Fannie, una prima de Josephine, la madre de Emily, que tiene su continuación tras más de veinte años de ausencia cuando llega a Sheridan después de la propia Josephine le escribiera para que pedirle acuda junto a su lecho de enferma y pedirle que ayude y acompañe a Edwin y sus hijos, Emily y Frankie.
La relación de estos es, en muchos aspectos, casi un calco de la de Tom, Charles y Emily. La pareja más madura revive a través de los jóvenes su amor fallido del pasado, manteniéndonos igualmente en vilo.

Y mientras nacen estas historias de amor, vas conociendo a gran parte de los habitantes de Sheridan, vas familiarizándote con sus calles y viendo pasar las estaciones sobre la región.

Ésta es la segunda novela que leo de esta autora y la magia que destila su pluma me ha sorprendido muy gratamente, por la forma en que narra, describe y esboza cada escena, cada sentimiento, con lo que me he descubierto con un nudo en el estómago en muchos momentos de la trama.
Creo que hay libros que son para ser leídos, otros para sentirlos y Promesas lo considero uno de estos.

Todos y cada uno de los personajes de Promesas me ha despertado alguna emoción, pero sobre todo Emily, Tom y Charles, pero incluso la caprichosa y voluble Tarsy ha logrado resultarme cercana, conmoverme y enfurecerme.
Estamos ante uno de esos libros que mientras lees te descubres deseando que no acabe nunca, pero al llegar a la última página, lo haces con una sonrisa en los labios.
Promesas habla de un amor que nace poco a poco, habla del sabor agridulce que, a veces, provocan los lazos de una amistad verdadera y… habla de un amor que no necesita nada más que sencillez y ternura, de declaraciones de amor que sólo requieren una palabra como “marimacho” para dibujar una sonrisa cómplice entre sus protagonistas.







miércoles, 15 de abril de 2009

Destino y deseo, de Lavyrle Spencer


Sinopsis:

La hermosa Lisa Walker desempeña una labor intachable en el departamento de Licitaciones de una empresa constructora, hasta que se ve involucrada en un desafortunado asunto que le hace perder su trabajo. El causante tiene un nombre: Sam Browm, el apuesto y atractivo dueño de una compañía rival. Lisa está enfurecida, pero su enojo desaparece cuando recibe una oferta formal de Sam para contratarla en su empresa. Aunque se siente irresistiblemente atraída por él, le invade el temor de que su relación personal pueda interferir con la laboral y de que Sam pueda no aceptar su pasado.
Dos corazones extraviados que se necesitan y se niegan, que rechazan el amor que golpea con fuerza la puerta de sus corazones.


Opinión:

Lo primero decir que no estoy de acuerdo con la última parte de la sinopsis que se hace del libro. Desde mi punto de vista Sam no es ningún corazón extraviado, la única que está perdida y tiene motivos es Lisa.

Este es un libro muy cortito con una historia muy sencilla.
Los protagonistas se conocen debido a un error al retirar sus maletas en la cinta transportadora de un aeropuerto.
Sam es un apuesto y encantador dueño de una compañía constructora. Lisa, una empleada en una empresa rival, con un pasado doloroso y un cuarto de sangre india de la que se muestra orgullosa, aunque piensa que parte de de las circunstancias que generan su dolor, tienen que ver con ello.

Poco más se puede contar de esta novela, porque como digo, es muy cortita y rápidamente se desvelaría toda la trama.
No sé si por la brevedad de la historia o porque es el peor libro de Lavyrle Spencer, pero esta autora me gusta más en histórica (es la primera novela de actual que leo de ella). No obstante, los sentimientos, tal y como los describe, son preciosos, una maravilla... como siempre.

Me ha gustado, pero ya digo, es muy ligerita.


Un puente al amor, de Lavyrle Spencer


Sinopsis:

Bess y Michael, divorciados desde hace años, han intentado rehacer sus vidas con nuevas parejas. No obstante, su hija Lisa se empeña en reunirlos de nuevo. Con motivo de su propia boda, Lisa hace un último intento.
Los sentimientos de Bess y Michael dan un vuelvo inesperado que les abre los ojos a una verdad que siempre había estado allí pero que ellos se obstinaban en no ver...


Opinión:

Desde hace casi siete años, Bess y Michael viven su vida por separado y su relación es nula. Su separación se originó -en teoría- porque Michael se marchó con otra mujer. Bess guarda un rencor y un dolor profundo por el daño que este hecho le originó y se lo ha trasmitido durante todo este tiempo a sus hijos. Lisa tiene sus propias ideas al respecto, sin embargo, Randy, el otro hijo de la pareja que contaba con 13 años cuando se pordujo la separación, no ha vuelto a tener relación con su padre y siente un profundo odio hacia él. Su vida, desde que se produjo el divorcio, es un auténtico desastre.

Con motivo de su boda, Lisa reune a sus padres y a partir de ahí, inevitablemente, Bess y Michael tienen que volverse a hablar. Michael acaba de separarse de la mujer por la que abandonó a su esposa y Bess mantiene una "cómoda" relación con otro hombre en la que nunca se vio implicado su corazón. Bess y Michael de 40 y 43 años respectivamente, nunca llegaron a hablar civilizadamente sobre lo que les pasó... ahora, casi siete años después, ha llegado la hora.

Es un libro lleno de sentimientos y los sentimientos no son fáciles de explicar para nadie... salvo para Lavyrle Spencer que con una maravillosa prosa (como siempre), te pone la piel de gallina y te hace vivir sensaciones y comprender que la vida, muchas veces, nos la destrozamos nosotros mismos.

No es este un libro que yo recomentdaría a las jóvenes lectoras de romántica, pues hay que tener unos cuantos años y un buen montón de experiencias de vida acumuladas para comprender y sacar todo el jugo de determinadas situaciones. Es un libro que se ve y se comprende muy bien desde la madurez. Explica momentos de pareja sólo (creo) comprensibles para aquellas que han pasado de la pasión inicial de una relación, a la placentera comodidad. Del descubrimiento y las risas de los primeros pasos del amor, al saberlo todo y los problemas cotidianos.

Bess y Michael se reencuentran y hablan, asumen culpas y se perdonan. Cada uno ha madurado y ha comprendido, y como donde hubo fuego quedan rescoldos, esas brasas se encienden y se vuelven a enamorar.
Me ha encantado ver como se origina ese proceso, pero sobre todo me ha emocionado especialmente la escena en la que hacen el amor, con esa sensación (sin ausencia, por supuesto, de pasión) del conocimiento mutuo, del cariño y la ternura por encima de todo, de miles de sentimientos que da el tiempo... De lo dulce y maravillosos que resulta amar y ser amado por esa persona a la que conoces tan bien.

Es la historia de toda una vida en común, con sus alegrías y sus penas, que te hace recordar por qué elegimos a quien elegimos y lo fácil que es prescindir (¡qué error!) de los pequeños y adorables detalles del principio de una relación, que son la sal y la pimienta de la vida.

En fin, me ha parecido un libro muy bonito.


Secretos de familia/Reencuentro de Lavyrle Spencer


Sinopsis:

Tom y Claire Garner forman con sus hijos Robby y Chelsea una familia perfecta. Tom dirige un colegio secundario y es un excelente padre y esposo. Cuando un alumno nuevo se traslada a su colegio, Tom descubre que ese adolescente es hijo suyo, resultado de la aventura de una noche vísperas de su boda, y de cuya existencia no tenía la más remota idea.
Educado por una madre que lo adora y que jamás reveló el nombre de su padre, Kent Arens es un joven que se distingue por su inteligencia, elegancia y personalidad. A los ojos de Claire, sin embargo, Kent es un símbolo viviente del acto de traición tan amargo y cruel que no podrá perdonar jamás a su marido. Para los hijos de ambos, su presencia también es conflictiva: para Chelsea, es el muchacho de quien está por enamorarse, y para Robby es un rival en el aula y en los deportes.
Enfrentados a la dura realidad, los Gardner deberán descubrir la única forma de evitar el derrumbe definitivo de su familia.



Opinión:

Esta es una maravillosa historia cargada de profundidad y sentimientos. Todos y cada uno de los personajes de este libro tienen un papel fundamental en el desarrollo de la novela.

Tom y Claire, en sus dieciocho años de vida en común, han conseguido formar una pareja sólida basada en el respeto y la confianza mutua. El comienzo de su matrimonio fue un tanto precipitado debido a que Claire se quedó embarazada justo cuando Tom terminaba sus estudios. Él hubiera querido disfrutar un tiempo de su soltería y sintió los miedos propios de un chaval que tiene que aparcar sus sueños para hacerse cargo de un acto fruto de la irresponsabilidad juvenil. Ella siempre ha pensado que Tom se sintió obligado al matrimonio. De cualquier forma, han superado todos los obstáculos del camino y han conseguido formar una familia y un hogar perfecto. Se aman y son felices, hasta que...

Mónica Arens es una excelente madre. No estaba en sus planes serlo, pero ella también cometió un desliz de juventud y se acostó con Tom en la despedida de soltero de éste. Con motivo de la juerga de aquella sola noche, su vida cambia para siempre. Se queda embarazada de Kent y ese hijo y su carrera laboral son el centro de su vida. Mónica nunca le dijo a Tom que tenía un hijo, Kent nuca supo quien era su padre. Hasta que un día...

Mónica y Kent se trasladan a vivir a la ciudad donde viven, trabajan y estudian todos los miembros de la familia Gardner y la vida de estas seis personas cambia para siempre.

Con este argumento, asistimos a una maraña de sentimientos y emociones donde el lector es incapaz de solidarizarse únicamente con un personaje. Todos tienen motivos para que te pongas de su parte. Cuando crees que uno está en posesión de la verdad, vuelves la página e irremediablemente comprendes los motivos del otro.

Esta es una novela distinta, llena de angustia y desgarro, de orgullo y dolor, de miedo y cariño, de inseguridad y fuerza, de amargura y complicaciones, y al al final, como no podía ser de otra manera cuando el amor lo empapa todo, de perdón y confianza.

Creo que no existe otra autora capaz de profundizar tanto y tan bien en la psicología del ser humano. Nadie como Lavyrle Spencer para presentar el punto de vista de cada uno de sus personajes y hacerte entender sus motivos, sus sentimientos y sus reacciones.

Siempre he dicho que lo mejor que me ha pasado en la vida ha sido aprender a leer. Mi vida está llena de títulos de libros que han hecho de mí lo que soy. Recuerdo con mucha frecuencia (y es verdad, no lo digo de coña) mis primeros pasos juntando letras y la ilusión que sentía cuando descubría lo que ponía en algún sitio. Yo tendría unos cuatro años y tengo grabada a fuego esa emoción. ¡Qué lejos estaba entonces de saber cuánto significaría la lectura en mi vida y la cantidad de alegrías que este delicioso "vicio" me depararía a lo largo de mi existencia. Cuando una novela tan profunda y tan bien escrita como ésta cae en mis manos, ese recuerdo aflora a mi mente y me invade una inmensa satisfacción. Leer es un placer, pero si además lo que lees te conmueve y te llena por dentro, no hay gozo en el mundo que se le pueda comparar.

Este es un libro maravilloso sí, pero poco tiene que ver con el amor romántico y superfluo de muchas de las novelas que leemos a diario. Este es un libro de amor, pero de amor maduro, de amor desde las tripas, de amor palpable, real y de verdad, sin edulcorante. Un libro para lectoras ávidas de buena literatura... no sé si me explico.


Amargo pero dulce de Lavyrle Spencer


Sinopsis:

Cuando eran estudiantes, Maggie y Eric se juraron amor eterno. Pero los avatares del destino los condujeron por caminos distintos. Maggie se casó y enviudó más tarde. Sola y madre de una hija, quiere reconstruir su vida. Al reencontrarse con Eric, ahora casado y capitán de un buque mercante, el amor renace. Conscientes de que la suya es una unión prohibida, los dos intentan en vano negar sus sentimientos...


Opinión:

Esta novela, es otro maravilloso regalo que nos hace la autora. Como todas, está cargada de sentimientos y emoción.

Maggie hace apenas un año que se ha quedado viuda. En unos pocos días, su única hija partirá para iniciar sus estudios universitarios. Maggie acude a un grupo de terapia con el fin de afrontar la pérdida de su marido. En esas charlas le aconsejan que contacte con sus viejas amistades y Maggie, reacia en un principio, decide llamar a su más querida amiga del instituto. Ésta, enseguida se hace cargo de la situación y le pone en contacto con la antigua pandilla. Así se inician nuevamente las relaciones y así nuestra protagonista vuelve a ponerse en contacto con su antiguo novio del instituto. A pesar de que vive a varios miles de kilómetros de distancia, entre todos, consiguen convencerla para que pase unos días con ellos.


Eric, es guapo, dulce, educado, cariñoso y encantador, y está casado con una mujer bandera. Aunque en la superficie parece que su matrimonio es idílico, con sólo rascar un poco se vislumbran los problemas.

Cualquier autora, con esta base, resolvería la novela como todas nos podemos imaginar, pero claro, Lavyrle Spencer no lo iba a dejar ahí. A ella le encanta rodearnos de personajes complejos (tan complejos como somos todos y cada uno de los seres humanos), y todos estos secundarios dan forma y carácter a la historia. Sin ellos la novela sería una más.

La madre de Maggie es de esas madres que dices "madre no hay más que una... gracias a Dios". Una mujer fría, amargada, rígida, criticona.

El padre de Maggie es un hombre maravilloso que vive resignado y callado junto a su mujer, porque "las cosas son así". Me ha encantado ver como la autora describe sus enormes manos de carnicero. Esas manos configuradas por su profesión y tan tiernas cuando han de serlo.

La hija de Maggie... como todas las hijas de 18 años... como lo fuimos (quizá) todas. Con la visión de la vida que se tiene a esa edad, convencida de que lo sabe todo, de que es mayor, de que las cosas son blancas o negras... Juzgando. Queriendo. Odiando. Explosiva en sus argumentos. Ciega en sus críticas. Egoísta. Niña, al fin y al cabo, en los brazos de su madre.

La madre de Eric, ¡qué mujer!. Este personaje me ha gustado especialmente. Todo lo contrario a la madre de Maggie.

La mujer de Eric, todo fachada. Preocupada en exclusiva por ella y su trabajo. Ajena a los sentimientos de su marido.

Y la amiga de Maggie, ay ¡quien tiene un amigo, tiene un tesoro! Una extraordinaria mujer y la culpable indirecta de que Maggie y Eric tengan su segunda oportunidad.

Nuestra protagonista se traslada al pueblo que la vio nacer dispuesta a comenzar una nueva vida; pero esta vida, si bien le hace recuperase del dolor por el fallecimiento de su marido, de la rabia por cómo ocurrió todo, de su soledad, también le procura otra serie de complicaciones. Sin embargo, estos cambios la convierten en una mujer fuerte, que planta cara y que decide vivir por y para ella.
El antiguo amor que tuvieron Maggie y Eric renace. Es un amor adulto, que tiene que recorrer un camino lleno de piedras... y en un pueblo. Los dos son buenas personas, que no quieren dañar a nadie. Se resisten y sufren, y pasan por un montón de vicisitudes.

Es un libro precioso que no puedes dejar. Es amargo, pero dulce. Es... ¡lo tenéis que leer!



La promesa de adorarte de Lavyrle Spencer


Sinopsis:

Allison Scott es una excelente fotógrafa profesional que se siente profundamente desengañada en el terreno amoroso. Hasta que un día conoce a Rick Lang, el apuesto modelo que le ha mandado la agencia publicitaria para llevar a cabo el proyecto de cubierta de una novela de amor. El escenario que se construye para la foto de la playa, una romántica fogata, un Rick apuesto, gentil y sensual, contribuye a que Allison se sienta atrapada en un torbellino de sensaciones que apenas consigue dominar. La felicidad recién alcanzada se ensombrece con la aparición de un ex novio de Allison que le había robado unas fotos para publicarlas en una revista bajo seudónimo. La joven se jura que ningún hombre volverá a engañarla.


Opinión:

Hay algo que me hace inmensamente feliz al hacer esta crítica y es que este libro es muy, pero muy sencillito, casi diría que prescindible. ¿Por qué me hace feliz? pues simple y llanamente porque me he convertido en adicta a esta autora y ya no hay ninguna otra que me llene, vamos, que a todas las comparo con la señora Spencer y la mayoría sale muy mal parada. Dicho esto, no penséis que el libro es un bodrio, está bien y se lee en una siesta, pero no está ni de lejos, a la altura del resto de los suyos.

El libro es del año 1982, o sea, uno de sus primerísimos libros, y se nota.
Le falta la profundidad con la que están dotados tanto las historias como los personajes de sus otros libros más maduros. Sin embargo, apunta maneras y su lectura resulta agradable. El protagonista es un encanto, guapo, dulce, cariñoso, tierno, educado... vamos un solete. La trama está prácticamente explicada en la sinopsis... La protagonista aprende a confiar en los hombres y triunfa el amor. Fin de la bonita historia. No puedo decir más porque es muy cortito y lo destripo.


Permiso para amar de Lavyrle Spencer


Sinopsis:

En una pequeña ciudad donde todos se conocen, la fatalidad parece haberse ensañado con Lee Restan: tras haber perdido a su marido y a su hijo menor, un día le comunican que Greg, su otro hijo ha muerto en un accidente de moto. Desesperada, Lee busca refugio en Christopher, el mejor amigo de Greg, y entre ambos florece una amistad que poco a poco se convertirá en romance. Sin embargo, el amor entre la mujer madura y el joven deberá enfrentarse a la incomprensión y las críticas sociales y familiares...


Opinión:

Me ha costado varios días leer este libro. Es que con el principio que tiene, he tenido que dosificármelo, hacerme la dura, y recordarme permanentemente que era sólo un libro y que iba a acabar bien. Pero me ha costado ¿eh?. Durante el primer cuarto de novela, he tenido una constante angustia en la garganta y los ojos a puntito de soltar la lagrimilla, así que como hace años que no me permito llorar salvo por razones muy justificadas, cerraba el libro y lo dejaba de lado hasta que se me pasaba y podía leer otro trozo del tirón.

La verdad es que no es fácil sustraerse de la historia e imaginarla como el simple argumento de un libro. La situación desde la que parte la novela bien pudiera ser real y, desgraciadamente para mí, mi capacidad de empatía, me ha hecho pasarlo mal.

Si yo no conociera a esta autora y este fuera el primer libro que cayera en mis manos, es fácil que no hubiera continuado leyendo, sin embargo, adoro a Lavyrle Spencer y sabía que a lo largo de sus quinientas y pico páginas iba a encontrar un montón de razones para acabar el libro con una sensación de enorme satisfacción.

Así que superada la primera parte, me he encontrado con lo que ofrecen todos los libro de esta extraordinaria mujer: sentimientos por doquier e innumerables lecciones de VIDA REAL. Ah, cómo me gusta a mí leer buenas historias exentas de tonterías, en lugares reales y fuera de Dulcilandia.

Lee, la protagonista, es toda una mujer. Una gran mujer. Una mujer que se enfrenta a la vida -como tantas y tantas- y que lucha con uñas y dientes para salir adelante porque tiene que hacerlo, por sus hijos, por ella misma, porque la vida sigue, porque es el timón del hogar.

Christpher, el protagonista masculino, es esa clase de hombre fantástico (ay, ¿por qué no habrá cientos como él?), intuitivo, cariñoso, sosegado, fuerte... del que te enamoras irremediablemente.

Entre ellos dos y el resto de los personajes, nos encontramos con una complicadísima historia, que la autora no sólo teje, sino que borda y la convierte en un libro soberbio.

En la vida real yo siempre estoy en contra de las diferencias acusadas de edad. Mi mente realista y analítica se niega a pararse en el momento actual y siempre piensa en el futuro. Por tanto, en un momento dado, siempre pienso que surgirán problemas generacionales. Así que en los libros tampoco me gustan, porque yo nunca puedo alejarme del todo e imbuirme en la ficción. Ay, pero Lavyrle Spencer (¡qué mujer!) no me deja tener mis propios pensamientos y me obliga a ir por donde ella quiere, con lo cual, al final, sólo he visto un hombre y una mujer enamorados, y mi corazón estaba con ellos.

El amor surge de un dolor profundo y desgarrador, un dolor que comparten los dos, cada uno desde la relación que compartieron con Greg. Que nace con la amistad, el consuelo y el apoyo mutuo. Es un amor que ves cómo va naciendo delante de tus ojos, lentamente, sin acelerones... Del que eres consciente casi al mismo tiempo que los protagonistas. Te alegras por ellos y dices "ya verás ahora cuando se enteren los otros".

Y sí, ya verás... Entramos en esa parte en la que la sociedad, que sí, que digan lo que quieran, pero tu familia que te apoye... Pero no, la familia reacciona como todos, llenos de prejuicios. Vamos, como la vida misma. Y me revienta ver que si la situación fuera al revés, la cosa no hubiera sido ni de lejos parecida. Un hombre de 45 años que se enamora de una mujer de 30 es un machote y hasta las mismas mujeres lo encuentras "estupendo", "no aparenta su edad" y "qué bien le quedan las canitas en las sienes". Pero una mujer de 45 es vieja, dónde va con un muchacho de 30 que se cansará de ella y bla, bla, bla...

Y las mujeres de su familia que tanto la quieren: su madre, su hermana, su hija, son las peores. Con consejos amorosos, con el trasfondo del "qué dirán", y amparándose en el cariño que Lee siente por su familia, la chatanjean emocionalmente. Eso también forma parte de la vida misma.

Menos mal que los hombres del libro, tan simples ellos (y lo de simples lo digo con absoluta admiración, porque nosotras ¡cuánto nos complicamos la vida!), con sus mentes menos retorcidas y preocupados más por el "yo" y el "ahora", le dan el empujón para que viva SU vida.

Admiro las innumerables lecciones de vida que esta autora regala a través de todos sus libros. Las deja caer en diálogos, al azar, para que quien quiera las entienda, las asimile o las aprenda: "A los padres, por el hecho de ser padres no hay que respetarlos ni quererlos, tienen que ganárselo" o "Creo que la calidad de una relación se puede medir por los momentos posteriores al acto sexual". Estas son sólo dos que me vienen a la memoria ahora y porque hace tiempo que yo también llegué a esa conclusión, pero hay muchas, muchas...

En fin, superados todos los problemas, el libro se acaba. Acaba bien, claro, con toda la familia unida y haciendo todos un esfuerzo porque se quieren y desean que sean felices. El discurso final del hijo adolescente también me ha hecho un nudito en la garganta, pero como una jabata lo he superado y he cerrado el libro con ese suspiro con el que acabo todos los de esta autora, y con esa sensación de "¡qué buen libro! ¡qué gozada!"

A mí me ha encantado, y le doy un sobresaliente. Sin embargo, no se lo recomiendo a todo el mundo. Es un libro precioso sí, pero duro, muy duro. Si eres de lágrima fácil, de corazón tierno, o si en tu vida ya tienes las suficientes lágrimas como para parar un camión... pasa, no tienes ninguna necesidad de pasar un mal rato... por mucho que la historia sea, de verdad, extraordinariamente buena. Si eres de las que te sientas con un bol de palomitas a ver películas "de llorar" porque una buena llantina te deja como nueva, chica, este es tu libro. Si eres realista, dura, fuerte, valiente y quieres leer un novelón, no lo dudes y léelo ya.