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Todos los libros de los que aquí hablamos han sido comprados y leídos en papel o ebook en español o en inglés. Este NO es un blog de descarga de libros. Las críticas y/o reseñas que aquí se pueden leer son opiniones personales, nada más, y no pretenden ser otra cosa. Reseñamos principalmente novelas románticas, pero también, de vez en cuando, damos nuestra opinión sobre novelas pertenecientes a otros géneros.



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sábado, 20 de noviembre de 2010

El duque que no sabía amar de Celeste Bradley




Sinopsis:

Para heredar la vasta fortuna de su abuelo, Deirdre Cantor no tiene más que encontrar un duque con quien casarse y ser la primera nieta en pasar por el altar, así que cuando Calder Marlbrook, futuro duque de Brookmoor, se queda compuesto y sin novia, Deirdre se lanza a por él. Pero al poco de casados descubre el escandaloso secreto de su marido y sus sueños de felicidad parecen esfumarse; se inicia entonces un peligroso juego de seducción que les llevará a las más altas cimas de la pasión y los sumirá en la más honda de las desdichas.

Opinión:

Fiel a su estilo Celeste Bradley nos presenta una obra de corte tradicional, sencillez narrativa y protagonistas controvertidos.

Deirdre se nos revela como una mujer bella y decida que sabe lo que quiere. Pero hay que tener cuidado con lo que se ansía, algunas veces los deseos pueden hacerse realidad...La posibilidad de sacarse de encima a su odiosa madrastra y al mismo tiempo conseguir cumplir los dictados del testamento de su abuelo, llevan a nuestra heroína a pedir matrimonio al futuro duque de Brookmoor. Sin embargo, detrás de su hermosa estampa nuestra protagonista esconde un tierno corazón, y en verdad, es la secreta admiración que ha sentido desde jovencita por Calder Marlbrook lo que la lleva a dar ese paso.El mismo día de la boda todas sus ilusiones se van al traste al comprobar, que su recién estrenado marido, se revela como un hombre aparentemente rígido e indiferente. El marqués es un pequeño dictador acostumbrado a que se cumplan todas sus disposiciones al instante, y eso es algo que ella estará bien dispuesta a cumplir, cuando y como le convenga y siempre le venga bien en sus propósitos. La batalla por el poder ha comenzado….

Con esa mentalidad, Deirdre no tardará mucho en poner patas arriba el seguro y hermético mundo de su no menos firme y cerrado esposo. En su lucha por el poder y ganar su corazón, la joven contará con la inestimable ayuda del servicio, que rápidamente se pone de su lado, y con la de otro personaje principal que prefiero no desvelar.

Por otro lado, mientras nuestra chica se levanta en armas, Calder intenta sobrellevar el terremoto emocional y pasional de la mejor manera posible. Producto de una fría y severa formación, es incapaz de demostrar sus sentimientos, con lo que no le queda más remedio que parapetarse tras la racionalidad y la flemática educación que le han inculcado desde niño. Craso error….

Menos mal que la autora nos adereza el relato con los pensamientos y calladas inseguridades del protagonista haciéndonos participes de su escondida vulnerabilidad. De esta forma podemos llegar a sentir una cierta complicidad y cariño por tan adusto y torpe caballero.

Reconozco que siempre me han gustado este tipo de historias. Ver la caída del “poderoso” y ser testigo del “sutil” acoso y derribo por parte de su compañera, a parte de la siempre deseada tensión sexual que suele acompañar, puede resultar de lo más estimulante y entretenido.

El título de esta novela “El duque que no sabía amar” es un perfecto resumen para esta obra. Quizá el rocambolesco rescate del final no haya sido del todo de mi gusto, quizá ha quedado algún punto accesorio de interés sin resolver, quizá he sentido cierta extraña pena por algún personaje secundario, pero he disfrutado con su lectura y me doy por satisfecha. Y Calder Marlbrook va a ser un protagonista difícil de olvidar, aunque sólo sea por su marcada y reiterada incapacidad de dar una a derechas.

viernes, 17 de abril de 2009

Perdición de Celeste Bradley


Sus perversos sueños...
Cuando Izzy se acostó, nunca esperó despertar en desgracia. Desde luego era maravilloso sentir unas manos cálidas en su carne... la áspera piel sin afeitar contra su mejilla. Todo parecía un sueño maravillosamente perverso. Pero, a la sociedad, aquello no le importaba en absoluto. Para ellos estaba arruinada, pues Lord Eppinghan, Julian Blackworth, había sido descubierto en su cama y ella le había reclamado como suyo.
No había querido atrapar al guapo libertino en matrimonio. Aunque pudiera desear ahogarse por siempre en sus ojos dorados, casarse con cualquier hombre no era algo que buscase.
Fue algo en su contacto, en sus besos. Algo que había incitado a proteger a Julian de su propia ruina interponiéndose en su camino. Si salvar a este hombre significaba caer en desgracia, que así fuera. Y al salvarle a él, podría salvarse ella misma.


Gran parte del desarrollo de esta novela corresponde a la enésima versión del cuento de cenicienta.

Nuestro “príncipe” es el segundón de una familia marcada por la tragedia y el carácter demente de un abuelo duque y un padre Marqués. La muerte del heredero, certifica a Lord Eppingaham Julian Rowley como el siguiente en la línea sucesoria al título, al fallecimiento de estos, siempre y cuando, así lo habiliten los que le preceden.

De una estricta, incluso cruel infancia, pasó a la rebeldía y los excesos de la juventud. Después de la muerte de su hermano intenta recomponer su vida y adecuarse a las responsabilidades implícitas a su nueva condición. La dolorosa transición se ve agravada por el maltrato, el desprecio y perpetuo dominio que ejercen tanto su padre como su abuelo. Como cientos de nuestros protagonistas, siente una perversa inclinación por el bello sexo. El hecho de mantener una querida, no es obstáculo para colarse en el lecho de cualquier dama complaciente que lo solicite. Fue el azar o quizá el destino el encaminó sus pasos hacia la habitación equivocada, provocando la escena desde la que arranca la trama.

Nuestra cenicienta particular, como no podía ser de otra forma, es huérfana en manos de parientes, que lejos de velar por ella y sus intereses, la utilizan y anulan tanto por ambición, como por odios y rencores de un pasado que ella desconoce.
El carácter alegre y generoso de nuestra protagonista la lleva a encubrir con su silencio el equívoco. Dilatando el engaño a fin de aplacar la ira del Marqués.
El fingido compromiso permitirá que su encubierta belleza salga a la luz y propicia el conocimiento más íntimo de los protagonistas. Poco a poco la autora nos pondrá sobre la pista del enamoramiento de nuestro galán, que se resistirá a reconocer sus sentimientos, intentando atribuirlos a la amistad, la lujuria o la necesidad de hacerse con el título. Cualquier medio para anular estas emociones puede llegar a ser válido y no dudará en intentar ponerlo en práctica.

La madrastrona de este cuento toma figura en una avariciosa y celosa tía, con dos hijos a su cargo y un marido imbécil, y como todas las malas de un cuento, es fea, ambiciosa, y hortera. Es pues un personaje esteriotipado y necesario, pero no ofrece ningún tipo de valor añadido.

En la sucesión de acontecimientos que les aboca a un forzado matrimonio y en la que intervienen dos estupendos secundarios, no faltaran las intrigas y los celos, con el agravante, que estos últimos vienen provocados por el mejor amigo de nuestro protagonista.
Tras los esponsales llegaran los silencios, equívocos y “sorprendentes” descubrimientos, que tiendan por un momento a unirlos, para después irremisiblemente distanciarlos. Será necesario superar el pasado para poder tomar verdadera conciencia y reconocer sentimientos, que nos permitan arribar a la playa del esperado, y en cierto modo original, final feliz.

Perdición es una novela agradable y fácil de leer. Me gusta el estilo de esta autora, aunque una trama demasiado previsible hasta más de la mitad del libro, provocara mi desencanto. Cierto es que contiene los ingredientes necesarios, incluido el arrebato pasional, y no es que no sepa utilizarlos; tampoco es que sea una fiel reproducción, porque se cuida muy bien de ir soltando prendas con las que atraer nuestra atención, pero con todo y a pesar de todo, a mí me ha pillado demasiado curtida en estas obras como para conseguir rendirme. No digo yo, que con menos novelas a mi espalda, mi opinión fuera distinta. Perdición es una buena opción siempre que estés dispuesta a dejarte seducir por una nueva cenicienta al estilo pretty woman, porque al final como en la película, es ella quien realmente lo salva a él.