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viernes, 17 de abril de 2009

Perdición de Celeste Bradley


Sus perversos sueños...
Cuando Izzy se acostó, nunca esperó despertar en desgracia. Desde luego era maravilloso sentir unas manos cálidas en su carne... la áspera piel sin afeitar contra su mejilla. Todo parecía un sueño maravillosamente perverso. Pero, a la sociedad, aquello no le importaba en absoluto. Para ellos estaba arruinada, pues Lord Eppinghan, Julian Blackworth, había sido descubierto en su cama y ella le había reclamado como suyo.
No había querido atrapar al guapo libertino en matrimonio. Aunque pudiera desear ahogarse por siempre en sus ojos dorados, casarse con cualquier hombre no era algo que buscase.
Fue algo en su contacto, en sus besos. Algo que había incitado a proteger a Julian de su propia ruina interponiéndose en su camino. Si salvar a este hombre significaba caer en desgracia, que así fuera. Y al salvarle a él, podría salvarse ella misma.


Gran parte del desarrollo de esta novela corresponde a la enésima versión del cuento de cenicienta.

Nuestro “príncipe” es el segundón de una familia marcada por la tragedia y el carácter demente de un abuelo duque y un padre Marqués. La muerte del heredero, certifica a Lord Eppingaham Julian Rowley como el siguiente en la línea sucesoria al título, al fallecimiento de estos, siempre y cuando, así lo habiliten los que le preceden.

De una estricta, incluso cruel infancia, pasó a la rebeldía y los excesos de la juventud. Después de la muerte de su hermano intenta recomponer su vida y adecuarse a las responsabilidades implícitas a su nueva condición. La dolorosa transición se ve agravada por el maltrato, el desprecio y perpetuo dominio que ejercen tanto su padre como su abuelo. Como cientos de nuestros protagonistas, siente una perversa inclinación por el bello sexo. El hecho de mantener una querida, no es obstáculo para colarse en el lecho de cualquier dama complaciente que lo solicite. Fue el azar o quizá el destino el encaminó sus pasos hacia la habitación equivocada, provocando la escena desde la que arranca la trama.

Nuestra cenicienta particular, como no podía ser de otra forma, es huérfana en manos de parientes, que lejos de velar por ella y sus intereses, la utilizan y anulan tanto por ambición, como por odios y rencores de un pasado que ella desconoce.
El carácter alegre y generoso de nuestra protagonista la lleva a encubrir con su silencio el equívoco. Dilatando el engaño a fin de aplacar la ira del Marqués.
El fingido compromiso permitirá que su encubierta belleza salga a la luz y propicia el conocimiento más íntimo de los protagonistas. Poco a poco la autora nos pondrá sobre la pista del enamoramiento de nuestro galán, que se resistirá a reconocer sus sentimientos, intentando atribuirlos a la amistad, la lujuria o la necesidad de hacerse con el título. Cualquier medio para anular estas emociones puede llegar a ser válido y no dudará en intentar ponerlo en práctica.

La madrastrona de este cuento toma figura en una avariciosa y celosa tía, con dos hijos a su cargo y un marido imbécil, y como todas las malas de un cuento, es fea, ambiciosa, y hortera. Es pues un personaje esteriotipado y necesario, pero no ofrece ningún tipo de valor añadido.

En la sucesión de acontecimientos que les aboca a un forzado matrimonio y en la que intervienen dos estupendos secundarios, no faltaran las intrigas y los celos, con el agravante, que estos últimos vienen provocados por el mejor amigo de nuestro protagonista.
Tras los esponsales llegaran los silencios, equívocos y “sorprendentes” descubrimientos, que tiendan por un momento a unirlos, para después irremisiblemente distanciarlos. Será necesario superar el pasado para poder tomar verdadera conciencia y reconocer sentimientos, que nos permitan arribar a la playa del esperado, y en cierto modo original, final feliz.

Perdición es una novela agradable y fácil de leer. Me gusta el estilo de esta autora, aunque una trama demasiado previsible hasta más de la mitad del libro, provocara mi desencanto. Cierto es que contiene los ingredientes necesarios, incluido el arrebato pasional, y no es que no sepa utilizarlos; tampoco es que sea una fiel reproducción, porque se cuida muy bien de ir soltando prendas con las que atraer nuestra atención, pero con todo y a pesar de todo, a mí me ha pillado demasiado curtida en estas obras como para conseguir rendirme. No digo yo, que con menos novelas a mi espalda, mi opinión fuera distinta. Perdición es una buena opción siempre que estés dispuesta a dejarte seducir por una nueva cenicienta al estilo pretty woman, porque al final como en la película, es ella quien realmente lo salva a él.





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