lunes, 25 de enero de 2010

First Lady de Susan Elizabeth Phillips

Cornelia Litchfield Case ha pasado toda su vida bajo el escrutinio del público, primero como hija del vicepresidente de los EE.UU y después como esposa del recientemente asesinado presidente; el nuevo presidente, viudo, le pide que continúe en sus funciones como Primera Dama, y bajo la presión de su padre se ve obligada a aceptar; sin embargo, desesperada por vivir con un poco de libertad elabora un plan para escapar de la Casa Blanca; sabe que tarde o temprano la encontrarán, pero mientras tanto piensa disfrutar el anonimato todo lo que pueda.

Mat Jorik es un periodista en busca de una gran noticia que le devuelva el prestigio perdido después de una desastrosa experiencia con la TV basura; su recién fallecida ex mujer, le ha nombrado tutor de sus dos hijas, a pesar de no ser el padre biológico de ninguna de ellas; una adolescente problemática desesperada por no acabar en una casa de acogida y ser separada de su hermana menor, un bebé de apenas un año; Mat, que ha criado a 7 hermanas no tiene la menor intención de hacerse cargo de ellas pero tampoco tiene corazón para dejarlas en manos de los Servicios Sociales, así que decide llevarlas a casa de su abuela en Iowa.

Y así empieza esta “road novel” de un hombre que no quiere una familia, de una adolescente y un bebé que la quieren desesperadamente y de una mujer que experimenta por primera vez los pros y los contras de una vida normal y anónima.
Es en un aparcamiento de autopista donde una mujer embarazadísima llamada Nell Kelly (que se parece sorprendentemente a la Primer Dama Cornelia Case) y a la que le acaban de robar el coche, se encuentra con lo que parece ser un padre desesperado que a cambio de cuidar de sus hijas le ofrece llevarla con él.
A partir de aquí asistimos a un viaje que es mucho más que un simple viaje a Iowa, es un viaje al interior de cada personaje, a sus miedos, a sus frustaciones, a sus ilusiones y esperanzas y al modo en que este recorrido les afecta y cambia toda su vida a medida que también cambia el paisaje que van recorriendo; mientras el FBI lanza una extensa búsqueda para localizar a la primera dama, ésta disfruta por primera vez de placeres tales como picnics anónimos o compras en WalMart, la comida basura y el lenguaje barriobajero; mientras la adolescente trata por todos los medios de retrasar la llegada a Iowa, Mat quiere llegar lo antes posible y el hecho de que los protagonistas no se conozcan previamente ( excepto Lucy y el bebé) da pie a multitud de conflictos que SEP resuelve con su humor acostumbrado; los diálogos divertidísimos, las situaciones surrealistas, los secundarios maravillosos. La descripción de esas carreteras infinitas, de esas estaciones de servicio tan americanas, con su vinilo y sus camareras tan peculiares, hacen de ésta una novela casi costumbrista.

La protagonista es una mujer cariñosa y sensible, muy vulnerable emocionalmente por la vida de represión que ha llevado y por razones que no puedo desvelar sin estropear la lectura; Mat es un hombre muy masculino que está harto del mundo femenino pero en el fondo de su corazón es un hombre de familia y es muy divertido ver como toda su resistencia se va debilitando y acaba sucumbiendo a su verdadera naturaleza. Lucy es la típica adolescente que saca a todo el mundo de quicio, pero tiene un tremendo sentido de la responsabilidad y protege a su hermana con uñas y dientes pero no quiere que nadie se de cuenta; y el bebé no es uno de esos encantadores bebés que no dan la lata, al contrario, su energía y su carácter da pie a multitud de escenas divertidas y tiernas y hace que el romance entre los protagonistas sea tan dificil de consumar como escalar el Everest.
El libro acaba con una de las más largas declaraciones de amor que yo haya leído y de las más románticas, también; lo único que me resultó poco creíble (y esto teniendo en cuenta lo surrealistas que son las tramas de SEP) es la decisión que toma Nelly al final, no cuento cuál, pero no casa con el ansia de libertad que dio lugar a toda su aventura; pero, en fin, no se puede tener todo. Yo me conformo con haberme reído a carcajadas, ( si, en voz alta y todo, no una simple sonrisa ) , haber pasado con este libro unos momentos inolvidables, haberme quedado con la sonrisa en la boca y una agradable sensación de felicidad en el cuerpo. No os lo perdáis, vale realmente la pena leerlo!!!