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viernes, 17 de abril de 2009

Entre dos tierras de Laurel O'Donell




Bryce Princeton, conocido como el Príncipe de las tinieblas y uno de los guerreros más temidos en toda Inglaterra, es enviado a Francia con la misión de capturar y matar al Ángel de la muerte. Lo que no sabe es que el caballero en cuestión no es un hombre, sino una mujer.
Ryen De Bouriez fue nombrada caballero del Rey Carlos IV tras demostrar su ingenio, valor y que era tan capaz de dirigir un ejército como cualquier hombre. Pero pese a ello sabe que su valía es cuestionada y puesta en entredicho a menudo por el hecho de ser mujer.

Por eso, cuando logra capturar y hacer prisionero al mismísimo Príncipe de las tinieblas, decide entregarlo a su padre en un gesto destinado a demostrarle que su valía como caballero no tiene nada que envidiar a la de sus hermanos; algo que hasta la fecha no ha conseguido.

El odio que separa a ingleses y franceses convierte a Ryen y Bryce en acérrimos enemigos, destinados a no entenderse y no dejarse vencer en manos del otro, pero en el fondo, no son más que un hombre y una mujer frente a frente, entre los que surge algo más que el deseo de doblegar al enemigo.
Ryen se siente dividida entre su honor como caballero, que la impulsa a vencer al Príncipe de las tinieblas, aunque no por ello desea verlo herido, y el deseo que éste despierta en ella mostrándole que sigue siendo una mujer. El que se trate de su peor enemigo no parece ser importante. Él es el único que la ha hecho sentir así. Él único que puede aplacar lo que siente.
De igual modo, Bryce está determinado a escapar de manos de los franceses, llevando consigo como rehén al Ángel de la muerte, pero eso no impide que se sienta atraído por la hermosa guerrera que lo retiene contra su voluntad ni rendirse a la tentación, a pesar de que quiera negar sus sentimientos continuamente.

Cuando logra escapar, situación que llega a poner en peligro la lealtad de Ryen a su patria, se encuentra en la disyuntiva de llevarla con él o no, pero el destino toma la decisión por ambos, cuando en Angincourt Ryen es herida y dada por muerta. Justificando sus acciones como odio y deseo de venganza, Bryce la lleva a Inglaterra donde la retiene en el Castillo oscuro, su guarida.

Han girado las tornas, puesto que ahora el Príncipe de las tinieblas es el captor y el Ángel de la muerte, la prisionera, pero ni el enfrentamiento entre Francia e Inglaterra está decidido, ni tampoco el resultado de la contienda entre ambos guerreros.

Entre dos tierras es una novela medieval de la autora Laurel O’Donnell, que refleja una vertiente nueva y diferente de este subgénero. Habituadas a novelas que nos muestran a aguerridos caballeros y damas indefensas, necesitadas de protección tanto del protagonista como de otros antagonistas, en este caso nos encontramos con algo totalmente diferente: una mujer que puede defenderse por sí misma y empuñar una espada con la misma habilidad y destreza que un hombre. Una mujer que no necesita a un hombre para sobrevivir… aunque quizá sí para sentirse amada.

Ambos son caballeros y guerreros, están en bandos opuestos, con lo que están destinados a odiarse y matarse mutuamente.
No obstante, la atracción que surge entre ambos desde sus primeros enfrentamientos, es palpable para todo aquél que los rodea y así como Ryen lo salva en más de una ocasión, Bryce hace lo propio con la mujer caballero a la que se ha jurado odiar y vengarse por el dolor que le ha causado.

Sinceramente, la novela me ha gustado mucho y me ha sorprendido, puesto que al tratarse de la primera novela que leo de esta autora no tenía referencias sobre lo que me iba a encontrar. Los enfrentamientos constantes entre Ryen y Bryce me han mantenido en vilo de principio a fin, a pesar de la infinidad de malos entendidos, rencillas y el odio que en todo momento esgrimen (algo que suele resultarme cansino) me he sentido cautivada por la apasionada relación entre el príncipe de las tinieblas y el ángel de la muerte, o lo que es lo mismo, Bryce y Ryen.

El personaje de Ryen/Ángel de la muerte tiene gran peso en la trama, ya que al margen de la historia de amor que protagoniza junto a su enemigo, es su condición de mujer caballero lo que define la evolución de la novela.

Uno de los aspectos que más me han llamado la atención es que el hecho de ser mujer y guerrero no resulta poco creíble. Es innegable que concebir que la edad media existieran mujeres caballero resulta difícil de asumir, aunque en la ficción de un libro todo es posible. Pero a menudo me he encontrado con lecturas en que el carácter demasiado avanzada para su tiempo de la protagonista me ha resultado muy difícil, incluso imposible, de aceptar y asumir como real.

En cambio Ryen piensa, sienta y actúa como guerrero de principio a fin. Ahí radica el principal escollo a salvar para conquistar a Bryce. Le resulta imposible olvidar que es un caballero y dejar que el ser mujer guíe sus actos.
De igual modo, a Bryce le resulta complicado pasar por alto que para conquistar a la mujer no puede olvidar que es guerrero.

En algunas facetas, Entre dos tierras me ha recordado la esencia que notas en novelas de autoras clásicas como Shirlee Busbee. Las similitudes entre ambas son mínimas, cada una tiene su estilo, pero es ese constante amor y odio entre los protagonistas lo que me ha hecho evocar aquellas novelas publicadas hace años, en las que aunque se aman no pueden dejar de odiarse.

Aunque es una novela con muchas referencias a aspectos bélicos, con numerosas escenas ambientadas en el campo de batalla, las mazmorras o la vida de un caballero, es innegable que narra una historia de amor compleja y difícil de solucionar. Pero la autora lo logra y, en mi opinión, de modo muy brillante.

Entre dos tierras es eso, la historia de un hombre y una mujer enfrentados por el odio y la guerra entre sus países: Inglaterra y Francia. Cada uno odia al otro, por ser quién es, pero a la vez, por eso mismo, nace un amor que te mantiene en vilo de principio a fin.
Quizá lo que menos me ha gustado es la referencia constante a aspectos bélicos, insisto, puesto que a veces tienen demasiado peso, pero entiendo que son necesarios para crear el clima que crea la autora.

Y me ha encantado que enemigos o no, caballero o no, Ryen y Bryce en el fondo son un hombre y una mujer que buscan amar y ser amados. Sin más.
Por último decir que la portada elegida por la editorial Manderley me ha encantado. Me recuerda a las de los cómics, pero indudablemente es perfecta, en mi opinión, para reflejar en una imagen el contenido de Entre dos Tierras. Un libro que me ha sorprendido muy gratamente.






1 comentario:

  1. Reconozco que es un libro con su punto de originalidad, ambicioso en perspectivas y en general bien escrito. Vamos que lo empecé y termine, y en algunos momentos llegué hasta disfrutarlo pero……

    CONTIENE SPOILERS
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    Ya sé que en una novela todo puede entrar, pero es que ésta de tan original a mí me sobrepasó. El brote empezó con la escena en que a la prota la arman caballero. Vamos, que nadie estaba al tanto de que el tercer hijo era hija, ¡Ja! y ¿para qué comunicárselo al monarca? ¡Ja!
    Según la iba leyendo parecía que todos los nobles de la catedral, en cuantito se quitara el yelmo, se iban a poner a gritar dirigiéndose al rey: ¡¡¡¡ Sorpresaaaaaaaa!!!!
    Eso sí, por si acaso este libro caía en manos de una rarita como yo, la autora pretende curarse en salud con los pensamientos del rey
    Uy uy, (los uys son míos) qué curioso, una muchacha ¿pero como habrá conseguido mantener el secreto?
    Uy uy, ahora me explico la ausencia del barón De Bouriez.
    ¡Ya! Pero no lo aclara, y ahí queda eso, para digerirlo como buenamente puedas.

    De todas formas siendo el principio y teniendo tan buena pinta el argumento, la escenita de marras se redujo a un pequeño comezón, apenas insignificante o molesto.
    De ahí pasamos al, como es tan listaaaaaa, tan buena estrategaaaaaaa, tan diestraaaaa (será porque lo dice 100.000 veces, porque pruebas da bien pocas por no decir ninguna), se hace con (¡Tachín! ¡Tachan!): El príncipe de las tinieblas.
    Ahí, ya estaba segura, que del sarpullido no me libraba nadie.
    Cada vez que leía Angel de la muerte o Príncipe de las tinieblas, una roncha nueva emergía de mi piel. Si os digo, que me querían contratar como niña del exorcista en la casa del terror, os podréis hacer una idea del empecinamiento de la autora en soltar tan sugerentes títulos. Vamos, que estoy por asegurar que le ponía escribirlos, porque si no, no me lo explico.

    Bueno pues ya los tenemos juntos, y surge la atracción. Como es natural en un hermano, la mejor recomendación que le puede hacer a aquella con la que comparte progenitores, y está pelín cegada es:
    Venga, va, tráetelo pa la tienda, te lo beneficias y se te pasa la tontería.
    Y como es lógico en una mujer, tan lista, tan buena estratega y tan diestra, pues va y ….¡No! no se lo tira, deja que él sea el que la ponga mirando a Cuenca. Pero eso sí, como ha sido una bestia corrupia con ella, y su experiencia tan dolorosa, imagina la inocente, que si le pone las manitas en los hombros, segurito que él le dirá palabras tiernas, y pronunciará su nombre entre suspiros.
    Y es que el amor a primera vista es lo que tiene, pero claro, a mí me empezó a subir la fiebre.
    Gracias a Dios tuve algún rato que la medicación suministrada por la propia autora y el deseo que tenía de curarme, me hicieron concebir esperanzas en mi pronto restablecimiento. ¡Ilusa! Fue presentarme a la jauría y correr a solicitar la extremaunción.
    No voy a entrar en más detalles que hay que dejar algo a la imaginación.

    Pese a todo debo reconocer que la novela se deja leer, sobretodo si no tienes necesidad de creerte en algo a los personajes, y en ella que se nos presentan situaciones nuevas. En los tiempos que corren es un logro ¿no? ¿O quizá no sea suficiente?….
    Como siempre, todo depende del color del cristal con el que el lector la lee.

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