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sábado, 17 de mayo de 2014

Ligando a los cuarenta - Jane Porter

Él se llevó la segunda residencia y el Porsche. Ella se llevó a los niños y un corazón partido. Ahora Jackie, después del divorcio y a punto de cumplir los cuarenta, está de vacaciones en la soleada Hawai, viendo cómo se acerca la fecha de su cumpleaños... sola. Pero no por mucho tiempo. Muy pronto se enamora de Kai, su guapísimo monitor de surf, mucho más joven que ella, y la alocada y apasionada aventura que viven se convierte en la sorpresa más grande de la vida de Jackie.
De nuevo en su casa de Seattle, Jackie vuelve a su lucha de madre sola y... a los recuerdos de Kai. Él no la ha olvidado. Sin embargo, miles de millas de océano – por no hablar de la diferencia de edad, que parece aún mayor – les separan. Y, por supuesto, las amigas de Jackie no aprueban su relación. Cuando llegue la hora de elegir, ¿podrá arriesgarlo todo en aras de su oportunidad de ser feliz?

CONTIENE SPOILERS

Pues sí, la sinopsis es lo suficientemente interesante como para que me haya llamado la atención hasta el punto de querer leerlo. Estaba convencida (a veces soy idiota) de que esta sería una novela ligerita que me ayudaría a evadirme por unas horitas.

Cuando inicié su lectura y viendo el cariz de la historia, debería haber mandado el libro a hacer puñetas y haberme puesto con otros (será por libros pendientes...), pero me dije que menos de 150 páginas bien valían un esfuerzo por ver cómo acababa y por contároslo. Uf, uf y otra vez uf. He tardado ni sé las horas y se me ha hecho eterno. Lo que más rabia me ha dado ha sido que... Bueno, eso lo cuento luego.

Jackie, hace un poco más de un año que se ha divorciado. Vive con sus dos hijos, tiene una casa preciosa, trabaja como interiorista y además cuenta con unas amigas estupendas. Pero se siente sola y vieja y triste y abandonada y va a cumplir cuarenta años y... vamos, que está hecha polvo.

La historia comienza con sus niños en un vivero comprando un árbol de Navidad. Pensé que me daban las uvas del 2015 solo con el capítulo del arbolito: lo que pesa, lo que mide, el tener que ponerlo ella sola sin un hombre que cargue con él, lo que tomaban todos los años mientras lo ponían, los villancicos que escuchaban...

Como el libro se cuenta en primera persona, desde el inicio sientes como si la protagonista te estuviera contando sus penas. Claro, una que es muy buena, escucha las penas una vez y dos y tres y catorce y treinta y dos, pero llega un momento que dices: ¡¡¡que te calles, leches, que me estás amargando la vida!!! ¡Deja de llorar, llorona, quejica, peñazoooooooo!

Una de sus amigas, una madre abnegada y maravillosa mujer (al menos eso es lo que se dice de ella, pero a mí me ha caído gorda), prepara un viaje a Hawai para que se vayan las dos y celebrar así los cuarenta años de Jackie. Sin embargo, en el último momento, el marido de la susodicha se pone enfermito con gripe y ella se tiene que quedar con él (sin comentarios). Así que deja tirada a su amiga y esta se marcha sola. Ni qué decir tiene que el vuelo se lo pasó entero contándome sus desdichas, ¡se me hizo eterno!

Una vez allí, decide dar una clase de surf, y el monitor es un chico 10 años más joven que ella... Sobra decir que está como un queso, ay, y la llama "nena" y ella se derrite. Y, bueno, pues pasa los mejores días de su vida allí con él. Pero tiene que volver a casa y... vuelta otra vez a pensar en alto incluyendo ahora a todas sus neuras también el tema del bello surfero.

Y las amigas le dan la murga y el ex marido también y le dicen que dónde va con un crío... Pero ella se siente otra, así que se hace otras tantas escapaditas a Hawai y vive un tórrido romance con el guaperas. Lo que pasa es que son escapaditas de dos o tres días y en realidad no ves que aquel romance vaya a ninguna parte, porque son la noche y el día tanto ellos como sus vidas y además los dos tiene claro que eso dura hasta que el cuerpo aguante. Y como la historia te la sigue contando ella en plan diario de adolescente con la autoestima por los suelos, pues tuve que ir a mirar el final porque solo faltaba que me estuviera tragando semejante historia para que acabara mal.

Todo el libro mirando a ver cuántas páginas me quedaban. Y la prota sin parar de llorarme en el hombro. Y encima, en un momento dado, la vida se le complica más... Y sigue llorando sus errores y soñando con lo que pudo ser y no fue; y con sus años de juventud perdidos y entregados a su ex; y sus estrías y vientre ya no plano; y sus sueños y...

Y lo que iba a decir al principio: lo que más rabia me ha dado es que acaba en un par de páginas, de golpe y porrazo. Y, sí, juntos, pero no sé yo si para siempre jamás o si la tía sigue llorando, la mandará con el tiempo a freír espárragos.

En fin, que sí, que la novela está bien escrita y la traducción, salvo dos fallos recurrentes ("detrás mía" en lugar de "detrás de mí" y "venir" en lugar de "ir") está muy bien también, pero la trama es boba y soporífera: Es la historia de una divorciada llorona de cuarenta años que hace balance de su vida mientras que vive un romance con un surfero que está buenísimo, y se lo cuenta al lector una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez como si se hubiera metido en un bucle. Tiene apenas 150 páginas y con 70 o menos es más que suficiente, porque en resumidas cuentas, la verdad, lo que cuenta no aporta absolutamente nada.

 

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