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jueves, 23 de abril de 2009

Un largo atardecer de Sandra Brown


Lydia es una joven que está sola, asustada y embarazada. Huyendo de su pasado y del hombre causante de sus desgracias, el mismo que le destrozó la vida, va a parar a un bosque en el que, inesperadamente, se pone de parto. El bebé nace muerto y allí, sola y cubierta de sangre, cree que encontrará el mismo fin que su hijo.
Pero es encontrada por los miembros de una humilde familia que se dirigen a Texas en una caravana que salvan su vida y, sin ella saberlo, su alma.
Lydia es recogida y cuidada por estas personas que se compadecen de su estado y que ven en ella a una mujer necesitada de ayuda. No le cuestionan su pasado ni cómo ha ido a parar allí porque leen el dolor que nubla sus ojos, y, al contrario, la reciben con los brazos abiertos como un miembro más de su familia.

En esa misma caravana viaja Ross Coleman, un hombre que acaba de quedar viudo tras la muerte de su esposa durante el parto. El recién nacido está débil y todos temen por su vida. Pero la misma familia que acoge a Lydia en su carromato, sugiere que ésta amamante al bebé para evitar su muerte. Ross se opone a que esa desdichada joven con aspecto desaliñado alimente a su hijo, pero finalmente accede por el bien del bebé.

Ross es un hombro hosco y rudo, con un oscuro pasado del que no puede huir. Desde el principio siente una profunda animadversión por Lydia, por su situación, por la vida que imagina ha tenido para acabar sola y dando a luz a solas en un bosque, pero a la vez se siente atraído y tentado por la dulzura y sensualidad que desprende la joven, por el cariño desmedido que profesa a Lee, su hijo, y le hace sentir emociones crudas y desconocidas por él hasta entonces.
Ross se ha forjado una vida respetable y se casó con una joven de buena familia, pero es junto a la tímida y asustadiza Lydia que descubre al verdadero Ross Coleman, al hombre que se ha hecho a sí mismo para dejar atrás su pasado.

Lydia es una joven huérfana, asustada y marcada por la desgracia. Desde muy niña perdió la esperanza por una vida donde se sintiera una persona digna a ojos de todos. Es una mujer que, pese a su juventud, ha sufrido los mayores sinsabores y tragedias de la vida, y que por primera vez, junto a las personas de esa caravana, cree poder aspirar a un futuro y a una vida apacible.

Sin embargo, ocurren varios hechos que nublan el curso de su nueva vida: en primer lugar se ve obligada a casarse con Ross Coleman, un hombre que la atrae poderosamente, pero que le asusta igualmente por su rudeza y malhumor constantes; por otro lado descubre que el hombre que destrozó su juventud y esperanzas la persigue, y también a Ross para lograr una recompensa.

Ross tampoco siente el menor deseo de casarse con Lydia. Al contrario, la trata con frialdad e indiferencia, pero la convivencia entre ambos los lleva a descubrirse mutuamente y a ver cómo son los verdaderos Ross y Lydia, sin máscaras ni disfraces.

Durante el viaje a Texas un vínculo va formándose entre la pareja, a la vez que deben luchar por sobrevivir a la dureza del Oeste. Poco a poco, sin proponérselo, sucede lo impensable: se enamoran el uno del otro. Pero cuando parece que pueden rozar la posibilidad de un futuro juntos, el pasado de ambos regresa para atormentarles.

Hay novelas que reflejan historias crudas y duras, pero que pese a ello logran emocionar profundamente por las características de sus protagonistas o la misma trama en sí. Un largo atardecer es, a mi parecer, una de esas novelas.
Uno de los aspectos que más me han impresionado de este libro es el carácter de sus protagonistas y el hecho de que, pese a las vidas duras y crueles que ambos han tenido, logran superarlo para seguir adelante.
En esta novela no os encontraréis con una historia dulce y azucarada, al contrario, con una tan dura y a veces amarga que sientes un nudo en el estómago al leer, pero es una historia humana, realista que muestra la vida de los colonos que viajan al Lejano oeste, que ponen en ese viaje en el que arriesgan sus vidas, la ilusión de un futuro mejor. Y muestra, de un modo desgarrador, la historia de amor de dos personajes que no han tenido una vida fácil, sino todo lo contrario.

El personaje de Lydia es uno de los que más me han impresionado de todas las novelas románticas que he leído, por la evolución que experimenta a lo largo del libro, y por el modo con que se sobrepone a su pasado, sin que éste la convierta en una mujer amargada y desconfiada.
Ross Coleman es un personaje que despertó en mí sentimientos contradictorios. Al principio es tan hosco y cruel con Lydia que es inevitable que lo odies, pero según vas conociéndolo y viendo cómo admite sus sentimientos por ella, según va desnudando su corazón a la joven, mi apreciación cambió completamente. Simplemente lo ves como un ser humano, y el modo en que demuestre sus sentimientos por Lydia es conmovedor.
La pareja Lydia-Ross es una de las más emociones me han despertado, por su bagaje, la evolución de su amor y por todo lo que despierta.

Un largo atardecer es una novela dura, que refleja la vida del Oeste de un modo que casi te sientes en esa caravana, es una novela que arranca sonrisas y alguna lágrima, pero a mi parecer es una de las mejores que he leído hasta la fecha sobre este género.
Sandra Brown es una mis escritoras preferidas, y pese a todos los libros suyos que he leído o podré leer, éste es para mí uno de los mejores.


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