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sábado, 12 de febrero de 2011

Noches de Karnak de Nieves Hidalgo


Muchos siglos atrás, las divinidades egipcias -ya sabemos que los dioses son caprichosos- regalan la tablilla de la Vida Eterna a un campesino. El extraordinario objeto pasa de mano en mano hasta que el faraón Tutmosis III lo hace enterrar convencido de que será para siempre.
Una diosa-demonio había prometido entregar la tablilla a su fiel servidor, Seneptha, pero éste muere a manos del guerrero Karemheb, El Guardián del Valle de los Reyes, y la diosa se venga ordenando que lo asesinen y lo entierren en la tumba de Seneptha.
En nuestros días, los argueólogos Esther Rivet y Moses Connor, descubren la tumba de Seneptha, y en ella una tablilla y un anillo. Y sin proponérselo resucitan al servidor de la diosa. Pero Seneptha no volverá a la vida solo... Karemheb, el ancestral guerrero lo hará con él. Esther no puede remediar enamorarse del enigmático ser de otro tiempo. Y la atracción entre ambos acabará por convertirse en un amor por el que estarán dispuestos a enfrentarse a todo, e incluso a morir por preservarlo.

Una de las razones por las que leo romántica es por la posibilidad que me ofrece de soñar con otros tiempos. A veces, como ocurre ahora en Noches de Karnak, sin tener que abandonar el latido del mundo en que vivimos. Cierto es que la ambientación de esta novela corresponde a nuestros días, pero también lo es, que nos permite escabullirnos por un instante en el esplendor de un imperio, tan grandioso como lleno de misterio.

¿Quién no ha soñado con Egipto? ¿Quién no se ha sentido atraído por su cultura, sus enigmas y secretos…?

Esther Rivet lleva su hechizo en la sangre. Sus padres, arqueólogos como ella, perdieron la vida en una excavación igual a la que ahora ella enfrenta. Tan trágico suceso, lejos de provocarle un disculpable rechazo, ha constituido el motivo por el cual encaró su futuro hacia la arqueología egipcia. El hecho de que su educación y cuidado quedara en manos de Moses Connor, compañero y amigo de sus padres, no hizo más que favorecer su natural inclinación.

Profesor y pupila han descubierto una tumba, saqueada siglos atrás, pero que aún conserva en su interior el sarcófago con el cuerpo momificado. Y los enigmas que envuelven a este tipo de enterramientos...

Leyendas, azar y sueños tejen su madeja en una trama llena de intriga que nos llevará a descubrir al príncipe que se esconde entre sus páginas: Karemheb...

Por Karemheb corre la sangre del faraón, aunque éste desconozca ese hecho. Su infancia y juventud transcurrieron apaciblemente en una pequeña aldea, y así hubiera seguido siendo si la tragedia no hubiera llamado a su puerta de la mano de Seneptha. Con el tiempo, y gracias a sus extraordinarias cualidades, Karemheb consigue reconocimiento y riqueza en la corte. Hoy es uno de los hombres de confianza del “hijo de Ra”, su más noble y fiel servidor. Hoy, tras años persiguiendo al que le arrebató lo que más quería, consigue darle caza. Sin embargo, lejos de cerrar para siempre ese capítulo de su vida, la fatalidad y los caprichos de una diosa le llevarán a escoltar a su enemigo al más allá.

No quiero, ni debo, desentrañar el misterio que se esconde entre las páginas de esta novela. Tampoco voy a desvelar las circunstancias que concurren para que pasado y presente se entremezclen haciendo posible la pasión entre una joven del siglo XXI y un guerrero del pasado. Si lo hiciera, desaparecería el misterio, perdería la intriga y os privaría del placer de descubrirlo. Para saberlo tendréis que leerla.

Y vivirla, porque si algo impresiona de esta autora es la capacidad que tiene de hacernos sentir que formamos parte de su obra.

Las que ya la han leído, saben que la naturalidad en la narración, las imágenes fotográficas que sabe imprimir en nuestra mente, y la agilidad y fuerza de sus diálogos están aseguradas. Como esa parte de intriga, que consigue mantenernos pegadas a sus páginas, desentrañando un misterio, aun teniendo que robarle horas al sueño.

Con esta obra, de cuidada ambientación, se nos ofrece la posibilidad de viajar en el tiempo, sin abandonar el mundo en que vivimos; conocer parte de los secretos del antiguo Egipto y el enigma que se esconde tras una tablilla y un anillo, en una carrera a contrarreloj cargada de aventuras. Percibir la tensión, la atracción, el rechazo y rendición, de una pasión atemporal. Encariñarnos de un viejo profesor, exasperarnos con el advenedizo de turno, e indigestarnos con el alma negra, que encarna Seneptha. ¡Realmente es una gozada!

Noches de Karnak es una historia hermosa, adictiva y amena como pocas. Sus protagonistas son inolvidables. Karemheb se manifiesta como uno de esos hombres que viven por siempre en nuestras más íntimas fantasías. Debo reconocer que me ha robado un pedacito de corazón. He seguido sus pasos por este mundo, tan distinto del que vivió, y he visto cómo la nobleza de su estirpe está más allá del espacio y el tiempo.

Recordaré su imagen, con esos ojos enmarcados en Khol, tanto como su fuerza, su coraje y sacrificio. Recordaré su pícara sensualidad, su ternura y terquedad, y sé que lo echaré de menos, aunque tenga el consuelo de poder volver a él cada vez que tome de nuevo esta novela en mis manos.

Noches de Karnak es una novela para perderse en ella, un deseo en tinta y papel, un misterio sepultado bajo la arena del desierto, una fantasía, una pasión tan humana como eterna, que nadie se debe perder.

No quiero dejar de agradecer a Zeta la preciosa edición con la que nos la presenta y a su autora el robarme horas de sueño: ¡gracias por construir una maravillosa ilusión, tan divertida como cargada de sentimiento!

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